Johan Dreyer: “Chile se mantiene en primera división del H2V este año, pero necesitamos acelerar”

Johan Dreyer: “Chile se mantiene en primera división del H2V este año, pero necesitamos acelerar”

Por Johan Dreyer, Presidente H2 Antofagasta, desde Rotterdam.

Fecha publicada: 16 Mayo, 2024

Por Johan Dreyer, Presidente H2 Antofagasta, desde Rotterdam

Terminó el mundial del H2V en Rotterdam (World Hydrogen 2024) y las piezas del ajedrez geopolítico se movieron fuerte y claro. “Nuestro país no tiene limitaciones de tierra, dinero ni capacidades industriales”, así cerró su discurso el ministro de energía e industrias de la India, mientras que Australia anunció con bombo y platillos su plan de subsidios de 1,3 USD por kilo de H2V producido a partir del 2027, al mas puro estilo del IRA americano y rematando con la frase de uno de sus ministros “we are open for business!”.

La geopolítica del H2V se caracteriza justamente en que cada país tiene sus propias especificidades e intereses, y no dudarán en usar su no tan softpower para imponer sus ventajas competitivas y asegurar participación de mercado en esta incipiente industria. Ya sean subsidios, exenciones tributarias, impuesto al carbono o facilidad en la obtención de terrenos y permisos, a estas alturas todo vale con tal de posicionarse como first mover en la carrera por el H2V y sus derivados.

Europa tiene una mezcla de subsidios a la oferta local y regulación vinculante para impulsar la demanda, buscando cerrar la brecha de precio en el corto plazo. En el Medio Oriente son monarquías absolutas que no escatimarán en reinvertir sus petrodólares con tal de substituir al petróleo por los combustibles verdes como la base de su economía. China es un régimen unipartidista que subsidia a sus empresas para ofrecer las tecnologías mas baratas del mercado. Estados Unidos, una superpotencia económica que se puede dar el lujo de subsidiar la producción con hasta 3 USD por kilo de H2V y mover la aguja del mercado por si sola.

Lo anterior resalta un aspecto del mercado actual del H2V que quedó plasmado en Rotterdam este año, la descentralización de la industria a nivel global y los “microclimas” que se van consolidando en cada geografía. Por ejemplo, Rotterdam y Europa en general ya no son la referencia global ni en términos de regulación ni como principal destino de exportación, como si lo eran el año pasado. Por ende, cualquier análisis del estado actual de la industria tanto en Chile como a nivel global tiene que ponderar el costo-beneficio que entrega la industria del H2V tanto al ecosistema local como a los mercados globales.

Y ¿dónde se posiciona Chile en este tablero de pesos pesados? Como uno de los productores mas competitivos a nivel mundial. Como referencia, los proyectos nacionales de amoniaco verde se mueven en un rango de costo de producción esperado de entre 500 dólares por tonelada en Magallanes hasta los 800 en Antofagasta, mientras que los proyectos australianos, por ejemplo, indicaban precios por sobre los 800 dólares la tonelada (sin considerar el nuevo subsidio).

Pero mas allá de esta ventaja natural que nos entrega nuestra geografía, también tenemos bastante de que estar orgullosos y corresponde relativizar los comentarios de algunos sectores de la industria nacional que indican que nos estamos quedando atrás como país.

Tenemos 6 pilotos operativos en movilidad, e-fuels y blending en gasoducto, entre los cuales se encuentra el primer proyecto exportador de e-fuels en el mundo (Haru Oni), así como un portafolio de mas de 60 proyectos en diferentes etapas de desarrollo. Asimismo, tenemos iniciativas en desarrollo para fabricar buses a H2V en Chile y aplicaciones pioneras para el uso del H2V en fundiciones mineras. Ni australianos ni árabes (nuestros competidores directos  cuyo PIB per cápita casi triplica el nuestro) tienen este nivel de diversificación tecnológica de su ecosistema de H2V y quedan impresionados al escucharlo, posicionándonos a la vanguardia de la industria a nivel global.

Resaltar esto es importante, ya que las temáticas de valor local y encadenamientos productivos con industrias existentes, como la minería y servicios, han ido ganando peso en la industria frente a la mera exportación de combustibles verdes a los mercados desarrollados.

Ahora bien, tomando en cuenta lo anterior, Chile queda en una posición compleja: ser un país del segundo mundo. Por un lado, al ser miembro de la OCDE (altos ingresos), tenemos poco o ningún acceso a financiamiento concesional, y por el otro, apuntamos a desarrollar una industria tecnológicamente compleja y de alto costo sin tener el capital ni marco regulatorio necesarios para hacerlo. Por ende, no nos podemos dar el lujo de no ser atractivos para la inversión extranjera si queremos pasar de proyectos piloto a la escala industrial.

Si bien tanto australianos como árabes comentaban durante el evento que la permisología para ellos, al igual que en Chile, es un tema burocráticamente tedioso que toma por sobre los dos o tres años, tienen la ventaja de contar con mercados de capital potentes y marcos regulatorios mas eficientes que el nuestro. Aquí si nos estamos quedando atrás, ya que mientras otros anuncian subsidios al Opex y definen “one stop shops” para la obtención de permisos, nosotros seguimos con una hoja de ruta ambigua que no da certezas al mercado ni en lo regulatorio ni en lo económico.

Se extrañó en Rotterdam tener un representante nacional de alto nivel al estilo del ministro australiano y se notó la falta de visibilidad internacional que ha tenido nuestro país en los últimos años.

Tenemos un tremendo desafío  como país e industria en todos los frentes, pero confío en que lograremos aterrizar el Plan de Acción del gobierno en medidas concretas durante este año con tal de mantenernos competitivos.

Imagen: Johan Dreyer presentando HV Antofagasta en un side event en el World Hydrogen 2024 en Rotterdam.

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