Biocombustibles: La gran oportunidad que Chile no puede darse el lujo de perder
Biocombustibles: La gran oportunidad que Chile no puede darse el lujo de perder
Por Arturo de la Sotta, CEO P2X Consulting
Fecha publicada: 21 Enero, 2025

Chile se encuentra en un momento crítico de su historia energética. La necesidad de diversificar nuestra matriz energética, reducir emisiones y aprovechar nuestras ventajas competitivas nos ofrece una oportunidad única: convertirnos en un líder regional en la producción de biocombustibles avanzados. Sin embargo, como país, enfrentamos el reto de pasar de los discursos a la acción, de las promesas a los hechos. Los biocombustibles no son solo una herramienta para la transición energética global, sino también una palanca para el desarrollo económico sostenible en nuestras regiones.
El mundo está acelerando su camino hacia la descarbonización. Sectores como el transporte pesado, la aviación y la industria marítima, donde la electrificación enfrenta barreras significativas, buscan alternativas viables para reducir su huella de carbono. Los biocombustibles, por su flexibilidad y capacidad para integrarse en infraestructuras existentes, se han posicionado como una solución clave. Chile, con sus recursos naturales y su posición estratégica, está en una posición privilegiada para capitalizar esta tendencia global.
Nuestro país cuenta con una diversidad de recursos que pocos pueden igualar. En el sur, los residuos forestales, que actualmente son subutilizados o simplemente se desechan, representan una fuente de biomasa que puede transformarse en biodiésel o bioetanol. En el Valle Central, los subproductos de la agricultura, como los desechos de cultivos de maíz, trigo y uva, ofrecen otra fuente viable. A lo largo de nuestras costas, las algas marinas tienen un potencial extraordinario para la producción de biocombustibles avanzados, lo que abre la puerta a tecnologías que otros países recién están comenzando a explorar.
Aprovechar estos recursos no solo contribuiría a la reducción de emisiones. También sería una oportunidad para diversificar la economía de nuestras regiones, muchas de las cuales enfrentan desafíos como la baja productividad, la falta de empleo y la dependencia de sectores económicos tradicionales que están perdiendo competitividad. Los biocombustibles podrían ser el catalizador para revitalizar comunidades enteras, creando empleos directos e indirectos en la recolección, procesamiento y distribución de biomasa, así como en la operación de plantas de biocombustibles.
El desarrollo de esta industria en Chile no ocurre en un vacío. Países como Brasil han demostrado que los biocombustibles pueden transformar una economía. Su programa de bioetanol, basado en la caña de azúcar, no solo ha reducido su dependencia de los combustibles fósiles, sino que también ha posicionado a Brasil como líder en exportaciones y ha generado millones de empleos. En Europa, países como Suecia y Finlandia han utilizado sus recursos forestales para convertirse en referentes en biocombustibles avanzados, produciendo biodiésel y otros combustibles a partir de residuos.
Chile podría aprender mucho de estos ejemplos, pero también debe evitar los errores que se han cometido. La producción de biocombustibles a partir de cultivos alimentarios ha generado controversias a nivel global, particularmente por su impacto en la seguridad alimentaria. Usar tierras cultivables para producir energía en lugar de alimentos plantea un dilema ético, especialmente en un mundo donde millones de personas enfrentan hambre. Es por lo que Chile debe enfocar sus esfuerzos en biocombustibles avanzados, que utilizan residuos y materias primas no comestibles, evitando así competir directamente con la producción de alimentos.
El potencial de los biocombustibles avanzados es enorme, pero no se materializará por sí solo. Requiere una hoja de ruta clara y ambiciosa, respaldada por políticas públicas que incentiven su desarrollo. Actualmente, Chile carece de un marco regulatorio sólido que fomente la producción y el consumo de biocombustibles. A diferencia de países como Estados Unidos y Brasil, no contamos con mandatos de mezcla obligatoria que garanticen un mercado para estos combustibles. Tampoco existen incentivos fiscales significativos que reduzcan las barreras de entrada para los inversionistas. Sin estas medidas, será difícil competir con los combustibles fósiles, cuyo precio sigue siendo artificialmente bajo debido a los subsidios que aún reciben en muchas partes del mundo.
Además de la regulación, Chile necesita invertir en infraestructura. Las plantas de procesamiento de biomasa, los centros de acopio y las redes de distribución son esenciales para construir una industria competitiva. Estas inversiones iniciales son costosas, pero los beneficios económicos a largo plazo las justifican con creces. Países que han apostado por los biocombustibles han visto no solo un retorno financiero, sino también un impacto positivo en sus comunidades rurales, donde las oportunidades de empleo y desarrollo económico suelen ser limitadas.
La cooperación entre el sector público y privado será clave. Empresas privadas tienen la capacidad de innovar, invertir y operar plantas de producción, mientras que el Estado puede actuar como facilitador, proporcionando los incentivos necesarios, reduciendo barreras regulatorias y promoviendo la investigación y el desarrollo. Chile tiene experiencia en este tipo de colaboraciones en sectores como la minería y las energías renovables. Es hora de aplicar esa experiencia a los biocombustibles.
El desarrollo de los biocombustibles no solo posicionaría a Chile como un actor relevante en la transición energética global, sino que también fortalecería nuestra independencia energética. Hoy dependemos en gran medida de la importación de combustibles fósiles, una vulnerabilidad que podría mitigarse con una producción local de biocombustibles. Además, en un mundo cada vez más exigente en términos de sostenibilidad, contar con una industria de biocombustibles daría a nuestros productos exportables una ventaja competitiva, especialmente en mercados como Europa y Norteamérica.
El tiempo para actuar es ahora. El cambio climático no esperará, y los mercados globales están avanzando rápidamente hacia alternativas más limpias. Chile tiene una oportunidad única para ser parte de esta transformación, pero requiere liderazgo, visión y un compromiso real con el futuro. Los biocombustibles no son solo una opción; son una necesidad para construir un país más sostenible, competitivo y justo.
La historia juzgará nuestras decisiones. Podemos ser recordados como el país que dejó pasar esta oportunidad o como el que tomó el liderazgo y mostró al mundo lo que es posible cuando se combina visión, acción y un compromiso con el bienestar de las futuras generaciones. La elección es nuestra.
(El autor(a) es responsable de la exactitud y veracidad del contenido presentado en la columna de opinión. La plataforma y el editor no asumen ninguna responsabilidad por cualquier error, omisión o imprecisión en la información proporcionada.)




