IEA proyecta transformación estructural del mercado petrolero en escenario hasta 2030
IEA proyecta transformación estructural del mercado petrolero en escenario hasta 2030
IEA
Fecha publicada: 30 Junio, 2025

Los mercados petroleros mundiales están entrando en una nueva etapa marcada por profundos cambios estructurales. Según el último informe de perspectivas de mediano plazo de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), titulado Oil 2025, el impulso que China y Estados Unidos han ejercido sobre la demanda y la oferta de crudo durante los últimos 15 años comienza a desvanecerse, en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas e incertidumbre económica global.
La publicación, que analiza la evolución del mercado petrolero hasta 2030, destaca que el consumo de petróleo en China alcanzará su punto máximo en 2027. Esta inflexión se atribuye a la masiva adopción de vehículos eléctricos, así como a la expansión de la red ferroviaria de alta velocidad y al uso creciente de camiones propulsados por gas natural. En paralelo, la producción de petróleo en Estados Unidos crecerá a un ritmo más lento, ya que las empresas priorizan la disciplina financiera por sobre la expansión acelerada, aunque el país seguirá siendo el principal motor de crecimiento fuera de la OPEP.
Un mercado abastecido, pero no exento de riesgos
En términos globales, se espera que la demanda de petróleo aumente en 2,5 millones de barriles diarios (mb/d) entre 2024 y 2030, para estabilizarse en torno a los 105,5 mb/d al final de la década. Sin embargo, la capacidad de producción mundial podría superar los 114,7 mb/d, impulsada por un auge en los líquidos del gas natural (NGL) y otros productos no derivados directamente del crudo. Este crecimiento responde a la mayor demanda de insumos para la industria petroquímica y al desarrollo de yacimientos de gas ricos en líquidos.
En este escenario, el retorno progresivo de la producción por parte de los países de la alianza OPEP+ se verá compensado por un aumento significativo de la oferta proveniente de Estados Unidos, Canadá, Brasil, Guyana y Argentina. Así, de no mediar interrupciones severas en la cadena de suministro, el informe proyecta un mercado petrolero cómodamente abastecido hasta 2030. No obstante, la IEA advierte que los riesgos geopolíticos y las tensiones comerciales podrían alterar esta estabilidad.
“El petróleo vivió una década de dominio dual: el fracking permitió que Estados Unidos explicara el 90% del crecimiento de la oferta, mientras que China representó el 60% del aumento de la demanda global”, señaló Fatih Birol, director ejecutivo de la IEA. “Pero esa era está cambiando. A pesar de que el mercado parece bien abastecido, la seguridad energética no admite complacencia. La IEA continuará trabajando con productores y consumidores para resguardarla”.
La demanda se desplaza hacia la industria petroquímica
Otro de los factores clave que delinearán el futuro del petróleo es la acelerada penetración de los vehículos eléctricos. Las ventas globales alcanzaron un récord de 17 millones en 2024 y podrían superar los 20 millones en 2025. Según la IEA, estos avances desplazarán alrededor de 5,4 mb/d de demanda petrolera hacia finales de la década.
A esto se suma la transición energética en Oriente Medio, donde países como Arabia Saudita están reemplazando el petróleo por gas natural y energías renovables en la generación eléctrica, reduciendo así su propia demanda interna.
El reporte proyecta que a partir de 2026, la industria petroquímica se convertirá en el principal motor de crecimiento de la demanda de petróleo. Para 2030, uno de cada seis barriles podría destinarse a este sector. Sin embargo, como los petroquímicos se derivan principalmente de productos no refinados como los NGL, esto tendrá un impacto importante en el sector de refinación, que enfrenta un exceso de capacidad respecto a la demanda proyectada de productos refinados, lo que podría llevar al cierre de instalaciones en los próximos años.
Una década de transformación
El informe Oil 2025 dibuja un horizonte de cambio en el cual las fuentes tradicionales de demanda y oferta pierden protagonismo frente a nuevas dinámicas tecnológicas, industriales y geopolíticas. Aunque el mercado parece abastecido a corto y mediano plazo, el mensaje de la IEA es claro: la transformación del sistema energético global ya está en marcha, y el petróleo, aunque aún relevante, enfrenta un futuro menos expansivo.




