Crecer descarbonizando: la tercera vía que Chile y el mundo necesitan

Crecer descarbonizando: la tercera vía que Chile y el mundo necesitan

Por: Arturo De la Sotta CEO de P2X Consulting

Fecha publicada: 16 Septiembre, 2025

En marzo de 2024 publiqué en H2News mi “mirada tridimensional” del cambio climático, donde propuse que el debate global se organiza —para bien o para mal— en tres grandes tribus: los Utópicos del decrecimiento, los Escépticos que relativizan la ciencia, y los Realistas Pragmáticos, quienes creemos en crecer descarbonizando con innovación y disciplina. Un año y medio después, esa tesis no solo resiste: se confirma con los hechos.

Dos hitos recientes lo prueban con fuerza: el Naval Energy Summit 2025 en Valparaíso y Hyvolution Santiago 2025 en Metropolitan. En ambos, voces públicas y privadas coincidieron en algo esencial: el cambio climático es real, decrecer no es opción, y la tecnología bien diseñada permite compatibilizar desarrollo con reducción efectiva de emisiones.

Los límites de los extremos
Los Utópicos piden “parar la máquina”. El ideal puede sonar noble, pero es antieconómico e injusto con países de ingresos medios y bajos que aún deben expandir infraestructura, vivienda, salud y educación. El decrecimiento funciona en un paper; en el mundo real, su costo social lo pagan los más vulnerables.

Los Escépticos, en tanto, oponen inacción a evidencia científica. Ninguna de estas posturas moviliza soluciones al ritmo que exige la urgencia climática. La única vía viable es la del crecimiento con tecnología climáticamente inteligente, apalancado en I+D+i+e, cadenas de valor limpias y un Estado que oriente con buenas reglas y competencia. Esa fue la tesis de mi columna de 2024 y hoy emerge con más claridad que nunca.

Naval Energy Summit: transición marítima sin retórica
El encuentro de Valparaíso (27–28 de agosto) conectó defensa, energía y sostenibilidad en torno a un mismo propósito: acelerar la transición marítima. No se trató de discursos, sino de planificar y ejecutar. Combustibles de transición, modernización naval, seguridad, demanda y suministro fueron analizados por la Armada, ministerios, puertos europeos y empresas tecnológicas.

El mensaje fue claro: Chile necesita esa seriedad para descarbonizar puertos y flota, habilitar e-combustibles y ganar eficiencia con criterios ESG. El mar no es solo paisaje: es logística, comercio y soberanía energética. Descarbonizar la cadena marítima significa descarbonizar el corazón de la economía real.

Hyvolution: del powerpoint al taller mecánico
Pocos días después, Hyvolution 2025 (2–4 de septiembre) entregó otra señal potente. Más de 100 expositores, delegaciones de múltiples países y, sobre todo, un tono práctico: proyectos en marcha, capital humano en formación, financiamiento y compras que disparan la demanda.

El ministro de Energía subrayó que el hidrógeno “no solo es futuro, es presente”, con énfasis en su aporte al desarrollo y la descentralización. Esa es la narrativa que necesitamos: oportunidad productiva + reducción de emisiones, respaldada con incentivos tributarios bien diseñados y programas de capacitación técnica. Incluso vimos alianzas público-privadas tangibles —como el primer bus a hidrógeno para Santiago— que demuestran que la transición ya no está en las láminas de presentación, sino en los talleres de operación.

La tercera vía como consenso posible
Esta convergencia —marítimo, industria, transporte, energía— valida la tercera vía. Y no es solo chilena: es la agenda global hacia 2050. El crecimiento seguirá, porque detenerlo significaría excluir a millones de personas de las oportunidades de la modernidad. La pregunta no es si crecemos, sino cómo: con qué matriz eléctrica, qué combustibles para sectores difíciles de abatir, qué infraestructura y qué estándares ambientales nos guiarán.

Necesitamos menos promesas maximalistas y más curvas de aprendizaje, estandarización, economías de escala y señales estables para el capital de largo plazo.

De allí surge un concepto que considero clave: optimismo informado. No es ingenuidad tecnológica, sino responsabilidad: reconocer la urgencia climática y enfrentarla con políticas públicas, mercados y competencia. Líderes como Juan Carlos Jobet lo han planteado con consistencia: crecer con innovación —hidrógeno verde, electrificación, salida del carbón— como solución. Ese espíritu pro-desarrollo y pro-tecnología es la base de un consenso posible para la próxima década.

Cinco tareas urgentes
¿Cómo pasamos de consigna a tracción real?

  1. Comprar emisiones evitadas, no promesas. Licitaciones y contratos de largo plazo para combustibles limpios y calor industrial deben medirse en tCO₂e reducidas por dólar invertido.

  2. Permisos a tiempo y con estándares. Una ventanilla única con SLAs, interoperabilidad y guías técnicas sectoriales eliminaría el actual “costo país” regulatorio.

  3. Infraestructura habilitante. Puertos, ductos, almacenamiento, redes eléctricas y digitalización son el esqueleto de la transición. Sin logística, no hay molécula ni electrón competitivo.

  4. Talento como ventaja comparativa. Operadores, soldadores de alta presión, técnicos en seguridad de procesos: el capital humano debe anticipar al físico.

  5. Transparencia de carbono. MRV interoperable, huellas verificables y certificación creíble son condiciones básicas para exportar y capturar primas verdes.

Crecer es un deber ético; hacerlo con menos carbono es un deber generacional.

Ese debería ser el pacto. Y el llamado es concreto: autoridades, empresas, banca, desarrolladores y ciudadanía deben elegir la tercera vía con radicalidad práctica. Definir un portafolio acotado de proyectos bancables, cerrar contratos de largo plazo con métricas exigentes, alinear permisos y priorizar corredores logísticos donde el impacto por dólar sea mayor.

No esperemos la perfección: aprendamos haciendo y escalemos lo que funcione. El planeta no necesita héroes de redes sociales ni nostálgicos del pasado; necesita equipos ejecutando.

Si Chile y la región lideran con este espíritu, hacia 2030–2040 podremos demostrar que la prosperidad climática es posible, y hacia 2050 mirar a las próximas generaciones a los ojos y decirles: no elegimos entre desarrollo y clima, elegimos ambos. Esa es la esperanza que mueve inversiones, talento y políticas duraderas. Empecemos hoy.

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