Entre electrolizadores y pizarras: el verdadero aterrizaje del hidrógeno verde

Entre electrolizadores y pizarras: el verdadero aterrizaje del hidrógeno verde

Por Emerson Flores Tapia, periodista y analista en comunicación y energía. Co Fundador de H2News.

Fecha publicada: 03 Noviembre, 2025

En la Región de Valparaíso, Chile, se inauguró la primera planta de hidrógeno verde operativa dentro de una central eléctrica, a cargo de la empresa Colbún S.A. Días después, a más de tres mil kilómetros al sur, en Punta Arenas, un grupo de estudiantes de liceos técnico-profesionales debatía su futuro profesional en torno al mismo tema: cómo esta nueva industria podía ofrecerles valiosas oportunidades. Dos escenarios distintos, pero unidos por una palabra que, poco a poco, deja de ser promesa y empieza a convertirse en realidad: transición energética.

La llegada del hidrógeno renovable a las empresas es un hito en el proceso de descarbonización y el aterrizaje de una promesa. La puesta en marcha del proyecto de Colbún marca un antes y un después para la industria nacional. El anuncio, recibido con entusiasmo por autoridades y medios de comunicación, simboliza que Chile comienza a concretar lo que durante años fue un plan y una expectativa internacional. La innovación tecnológica, la reducción de emisiones y la autonomía energética orbitan este hito que, más allá de su relevancia técnica, actúa como un gesto de poder: el país se declara capaz de producir su propio futuro energético.

Luego, en Magallanes, un encuentro convocaba a estudiantes, empresas y representantes del sector público para reflexionar sobre el hidrógeno verde. Allí, la conversación no giró en torno a megavatios ni inversiones, sino al lugar que ocuparán las personas en este nuevo ciclo. Las y los jóvenes que estudian mecánica, electricidad o química industrial no asistieron para admirar una promesa, sino para entender cómo pueden ser parte de ella. En ese diálogo se condensó algo esencial: la transición energética no solo ocurre en las plantas, sino también en las aulas.

Emerson Flores Tapia, periodista y analista en comunicación y energía. Co Fundador de H2News.

Ambos hechos —la inauguración industrial y la conversación educativa— revelan que la transición energética no es únicamente un proceso técnico. Es también un fenómeno simbólico y cultural, donde se disputa el sentido mismo del progreso. La planta de Colbún representa el momento en que lo abstracto se vuelve concreto: la promesa verde aterriza en acero, cables y válvulas. Pero ese aterrizaje no está completo si no incluye las expectativas, las identidades y los sueños de quienes vivirán los efectos de ese cambio.

El hidrógeno verde se presenta como la energía del futuro, pero su poder transformador dependerá de si logra articular un relato inclusivo. Si solo es un avance industrial, reproducirá la misma lógica extractiva con un nuevo color. Si, en cambio, logra involucrar a las comunidades y a sus integrantes, podrá ser también un proyecto social que distribuya dignidad, conocimiento y oportunidades.

Frente a esto, surgen preguntas necesarias: ¿Quién se beneficiará realmente de esta nueva industria? ¿Serán los territorios que la albergan o los consorcios que la controlan? ¿Están preparados los liceos, las y los técnicos, las y los trabajadores, las y los jóvenes y los municipios para recibir este cambio? ¿Qué papel jugará el Estado en democratizar sus beneficios?

Estas preguntas son tan urgentes de responder como los datos técnicos, jurídicos o económicos de los proyectos, porque definen la legitimidad del proceso. La transición energética será justa o no será. Y su éxito dependerá menos de la eficiencia de los electrolizadores que de la capacidad del país para formar, integrar y reconocer a las personas que harán posible este salto a lo nuevo.

El hidrógeno verde aterriza, y con él aterrizan las promesas, las tensiones y los anhelos de un país que quiere ser protagonista de su futuro. Entre las plantas industriales y los talleres de los liceos se juega una disputa más profunda que la tecnológica: la del sentido del desarrollo humano de las y los chilenos.

Las plantas comienzan a encenderse; ahora falta ver quiénes y cómo apagaremos la oscuridad que rodea sus puestas en marcha.

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