COP30: El hidrógeno entra en fase de aceleración global y América Latina emerge como un actor clave
COP30: El hidrógeno entra en fase de aceleración global y América Latina emerge como un actor clave
H2NEWS
Fecha publicada: 19 Noviembre, 2025

El informe “COP30 Plan to Accelerate Hydrogen and its Derivatives” marca un punto de inflexión en la gobernanza climática internacional: el despliegue del hidrógeno de bajas emisiones pasa oficialmente de la etapa declarativa a la fase de implementación. Elaborado con el respaldo del ecosistema climático de Naciones Unidas y de más de 40 organizaciones globales, el documento sintetiza una ruta de acción concreta para escalar proyectos, destrabar financiamiento y coordinar mercados en sectores difíciles de abatir como acero, fertilizantes, transporte pesado y logística industrial.
El plan reconoce que, desde 2020, la capacidad asociada al hidrógeno de bajas emisiones se ha multiplicado por diez a nivel mundial. Aun así, el desafío de cumplir los objetivos climáticos exige acelerar inversiones, cerrar offtakes y construir infraestructura crítica en un ritmo mucho mayor. Por eso se estructura en torno a once palancas estratégicas, cuatro áreas de impacto prioritarias y más de un centenar de acciones coordinadas entre gobiernos, banca de desarrollo y sector privado.
Un punto destacado es la 10 GW Lighthouse Initiative, respaldada por 15 instituciones financieras internacionales, incluido el Banco Mundial. Su propósito es transformar proyectos anunciados en proyectos financiables mediante estudios de prefactibilidad, estructuración de contratos y apoyo directo a países con potencial competitivo. Allí aparece un mensaje relevante para la región: Latinoamérica figura en el grupo de prioridades estratégicas con Brasil, Chile y Colombia como países faro, junto a otras economías emergentes con aspiraciones de capturar la nueva cadena de valor de combustibles limpios.
Para el continente, este reconocimiento no es simbólico. Significa acceso preferente a asistencia técnica, instrumentos financieros innovadores y visibilidad frente a compradores internacionales que buscan proveedores confiables de hidrógeno y derivados. La región es particularmente atractiva para la producción de acero verde, amoníaco y fertilizantes de bajas emisiones, debido a su abundancia de energías renovables competitivas y su relevancia en la seguridad alimentaria global.
En el caso de Chile, el informe confirma su posición como uno de los países con mayor potencial para materializar proyectos a escala. El documento destaca que la aceleración del hidrógeno renovable dependerá de mercados emergentes con marcos regulatorios en desarrollo y recursos solares y eólicos excepcionales, una descripción que encaja directamente con los polos de Magallanes y Antofagasta. Integrar al país en el grupo de prioridad de la Lighthouse Initiative refuerza las expectativas de que Chile pueda avanzar hacia decisiones finales de inversión apoyadas por esquemas de financiamiento mixto, garantías y compras industriales de largo plazo.
El plan también subraya el lanzamiento de nuevas iniciativas con impacto directo en América Latina, como el programa global para fertilizantes basados en amoníaco de bajas emisiones, una apuesta que conecta la producción de hidrógeno renovable con uno de los sectores más intensivos en emisiones y más relevantes para la región: la agricultura. Esto abre un espacio estratégico para que países como Chile y Brasil articulen cadenas de valor que integren producción, certificación y exportación de insumos agrícolas con menor huella de carbono.
La arquitectura financiera descrita en el informe profundiza esta visión. Entre los compromisos destacados figuran más de 200 millones de dólares en cofinanciamiento para acelerar proyectos de hidrógeno en economías emergentes, nuevas asignaciones del Global Environment Facility para desarrollo tecnológico y un programa de demostradores industriales orientado a validar proyectos listos para inversión. Son señales que muestran que el ecosistema internacional avanza desde la ambición hacia los flujos de capital concretos.
El mensaje central es claro: el hidrógeno ya dispone de un marco global de implementación; ahora corresponde llevarlo a escala. Y en ese escenario, América Latina —y Chile de manera particular— cuentan con una ventana de oportunidad limitada pero decisiva. Convertirse en proveedores confiables de moléculas, derivados y productos industriales limpios dependerá de la capacidad de acelerar permisos, estandarizar certificaciones, desplegar infraestructura y cerrar contratos que permitan pasar del potencial a las plantas operativas.
El informe de la COP30 no solo reconoce el avance de la región: plantea una invitación directa a convertir sus recursos renovables en valor económico real, desarrollo industrial y contribución climática global. Chile, ya posicionado en la primera línea, enfrenta ahora el desafío de transformar ese liderazgo técnico y político en proyectos que funcionen, exportaciones que crezcan y una industria del hidrógeno que deje huella más allá de los anuncios.




