La diplomacia del hidrógeno: la nueva carrera por el poder energético mundial

La diplomacia del hidrógeno: la nueva carrera por el poder energético mundial

Por Manuel Parra, MSc PMP, Analista Dirección de Digitalización Repsol

Fecha publicada: 22 Septiembre, 2026

La transición energética está dando lugar a una nueva forma de diplomacia internacional centrada en el hidrógeno. A diferencia del petróleo, cuyo poder geopolítico se basaba principalmente en la posesión de recursos fósiles, la futura economía del hidrógeno dependerá de una combinación mucho más compleja de recursos renovables, capacidades tecnológicas, infraestructuras logísticas, financiación y estándares regulatorios. El documento destaca que más de 1.700 proyectos de hidrógeno han sido anunciados a nivel mundial y que las inversiones comprometidas ya alcanzan aproximadamente 110.000 millones de dólares,

La diplomacia del hidrógeno ya está reconfigurando las relaciones internacionales. La Unión Europea prevé para 2030 producir 10 millones de toneladas anuales de hidrógeno renovable e importar otras 10 millones de toneladas, impulsando acuerdos estratégicos con Oriente Medio, Norte de África, Latinoamérica y Australia. Paralelamente, países como Arabia Saudí, Egipto, Chile o Namibia intentan posicionarse como futuros exportadores energéticos. El documento sostiene que el liderazgo futuro podría no corresponder necesariamente a quienes produzcan más hidrógeno, sino a quienes sean capaces de controlar los estándares internacionales, las tecnologías críticas y las cadenas globales de suministro.

Durante más de un siglo, la geopolítica energética estuvo dominada por el petróleo y el gas. Las rutas marítimas del crudo, los oleoductos y las reservas fósiles condicionaron alianzas, conflictos y estrategias nacionales. Sin embargo, la transición energética está comenzando a alterar este equilibrio. Mientras el mundo avanza hacia la neutralidad climática, el hidrógeno emerge como uno de los pilares potenciales de los sistemas energéticos descarbonizados y, con él, surge una nueva forma de diplomacia internacional.

Lo interesante es que la geopolítica del hidrógeno podría diferir profundamente de la del petróleo. Las reservas de crudo se encuentran concentradas en regiones específicas del planeta, mientras que los recursos renovables necesarios para producir hidrógeno verde están mucho más distribuidos geográficamente. El sol, el viento o los recursos hidroeléctricos abundan en numerosos países, lo que abre la posibilidad de que nuevos actores adquieran relevancia estratégica en el sistema energético mundial.

Sin embargo, disponer de recursos renovables no garantiza automáticamente una posición dominante. El documento subraya que la futura economía del hidrógeno dependerá tanto de la producción como de la capacidad para desarrollar infraestructuras, atraer inversiones, controlar tecnologías y establecer marcos regulatorios aceptados internacionalmente. En otras palabras, la influencia geopolítica no vendrá exclusivamente de producir hidrógeno, sino de participar en toda la cadena de valor.

La diplomacia del hidrógeno ya se está materializando mediante acuerdos entre países exportadores e importadores. Europa, Japón y Corea del Sur se perfilan como grandes consumidores futuros de hidrógeno limpio debido a sus limitaciones territoriales y energéticas. Por el contrario, países con abundantes recursos renovables buscan convertirse en proveedores globales.

El caso de la Unión Europea resulta especialmente significativo. Bruselas ha fijado para 2030 el objetivo de producir 10 millones de toneladas de hidrógeno renovable e importar otras 10 millones de toneladas adicionales. Esta necesidad genera una intensa actividad diplomática con países de Oriente Medio, África del Norte, América Latina y Oceanía. La seguridad energética europea ya no depende únicamente del suministro de gas o petróleo, sino también de garantizar futuros flujos de hidrógeno y sus derivados.

Egipto constituye uno de los ejemplos más destacados de esta nueva diplomacia. El país ha firmado 24 acuerdos internacionales para el desarrollo de proyectos de hidrógeno y amoniaco renovable, con un potencial de producción estimado de 15,5 millones de toneladas anuales. Estas iniciativas buscan aprovechar la ubicación estratégica del Canal de Suez y convertir al país en un nodo energético entre África, Asia y Europa.

Arabia Saudí también está adaptando su estrategia energética al nuevo contexto. El proyecto NEOM, valorado en aproximadamente 8.400 millones de dólares, contempla la producción de unas 600 toneladas diarias de hidrógenotransformado en amoniaco para exportación internacional. El reino intenta trasladar parte de su influencia como exportador petrolero al futuro mercado de combustibles limpios.

Uno de los aspectos más novedosos identificados por el documento es que la competencia geopolítica no se limita al comercio físico de hidrógeno. Existe una intensa disputa regulatoria sobre cómo definir qué es realmente un hidrógeno bajo en carbono.

Actualmente, las principales economías aplican criterios diferentes. Estados Unidos considera aceptable una intensidad de emisiones inferior a 4,0 kgCO₂e por kilogramo de hidrógeno, Japón establece un límite de 3,4 kgCO₂e/kg H₂, la Unión Europea exige menos de 3,38 kgCO₂e/kg H₂ junto a una reducción mínima del 70 % respecto a alternativas fósiles, mientras que India aplica un criterio todavía más exigente de 2,0 kgCO₂e/kg H₂.

Estas diferencias aparentemente técnicas tienen enormes implicaciones económicas. Una tecnología que cumpla los requisitos en un país podría no ser aceptada en otro mercado. Por ello, la definición de estándares puede convertirse en una herramienta de influencia geopolítica tan importante como el control de los recursos energéticos.

La diplomacia del hidrógeno tampoco gira únicamente en torno a la producción energética. Los electrolizadores, las pilas de combustible, los sistemas de captura de carbono, los puertos especializados, las terminales de amoniaco y los sistemas de certificación se están convirtiendo en activos estratégicos.

En este contexto, países con una fuerte base industrial podrían obtener ventajas competitivas incluso si no disponen de los recursos renovables más abundantes. La capacidad tecnológica y financiera puede resultar tan determinante como la disponibilidad de energía barata. De hecho, el documento señala que los flujos comerciales internacionales de hidrógeno podrían alcanzar alrededor de 260 millones de toneladas equivalentes de hidrógeno al año en 2050, representando entre el 20 % y el 33 % de la producción mundial.

A diferencia de la geopolítica de los combustibles fósiles, históricamente concentrada en unas pocas regiones productoras, la economía del hidrógeno podría dar lugar a un sistema más multipolar. Australia, Chile, Marruecos, Namibia, Egipto, Arabia Saudí o India aspiran a convertirse en actores energéticos de primer nivel. Al mismo tiempo, Europa, Japón y Corea desarrollan estrategias para asegurar el acceso a estos nuevos suministros.

No obstante, el documento advierte que esta transición no eliminará los riesgos geopolíticos. Las nuevas dependencias asociadas a materiales críticos, electricidad renovable, agua, infraestructuras portuarias o ciberseguridad pueden generar nuevas vulnerabilidades. Por ello, la cooperación internacional y la construcción de marcos regulatorios comunes serán elementos fundamentales para el desarrollo del mercado global del hidrógeno.

La gran lección del documento es que la futura economía del hidrógeno no estará definida únicamente por quién produzca más energía limpia. El verdadero poder se concentrará en quienes sean capaces de combinar producción renovable, innovación tecnológica, infraestructuras logísticas, financiación y capacidad diplomática. La transición hacia el hidrógeno está creando un nuevo mapa del poder energético mundial y, a medida que crezcan los flujos de comercio y las inversiones, la diplomacia del hidrógeno podría convertirse en uno de los factores más influyentes de las relaciones internacionales durante las próximas décadas.

Referencia

  1. Aalto, P., Temiz, I., Çelikpala, M., Haukkala, H., Karatay, S., Mankoff, J., Myllyvirta, L., Reinsalu, K., Ruotsalainen, J., Simons, A., Sitdikov, M., Tynkkynen, V.‑P., Vatansever, A., & Wouters, J. (2026). The geopolitics of hydrogen: Fossil fuels, security and new diplomacy. Palgrave Macmillan. https://doi.org/10.1007/978-3-032-24793-3

Imágenes: Elaboradas por el autor.

LinkedIn del Autor
(El autor(a) es responsable de la exactitud y veracidad del contenido presentado en la columna de opinión. La plataforma y el editor no asumen ninguna responsabilidad por cualquier error, omisión o imprecisión en la información proporcionada.)

Compartir noticia por redes sociales