Fertilizante verde elaborado con cenizas de biomasa apunta a sustituir hasta un 30 % del mercado chileno

Fertilizante verde elaborado con cenizas de biomasa apunta a sustituir hasta un 30 % del mercado chileno

H2NEWS

Fecha publicada: 24 Septiembre, 2026

Comasa está desarrollando un fertilizante verde a partir de cenizas de biomasa, CO₂ y amoníaco verde, mediante un proceso tecnológico que se encuentra en etapa de patentamiento. La iniciativa surgió de una pregunta ligada a sus plantas de generación: qué hacer con las cenizas y el CO₂ que producen además de electricidad. Fernando Madariaga, director del proyecto de hidrógeno de la empresa, señaló que el proyecto permitiría sustituir una pequeña parte del mercado chileno de fertilizantes y plantea, como proyección de largo plazo sujeta a validación, alcanzar hasta un 30 % si la tecnología logra desarrollarse a mayor escala. En esta entrevista exclusiva con H2News, realizada durante Hyvolution 2026, explica el origen del proyecto, los aprendizajes de una gira tecnológica por Europa y China y el desafío que considera decisivo para abrirse paso en el mercado: producir a un precio competitivo.

Entrevista

Fernando, vayamos directo al proyecto. ¿Qué está haciendo Comasa y en qué consiste su propuesta?

Hoy Comasa está desarrollando fertilizantes verdes. Para producirlos, utilizamos un proceso tecnológico que hemos desarrollado y que actualmente se encuentra en proceso de patentamiento. Este nos permite combinar cenizas provenientes de la generación con biomasa, CO₂ y amoníaco verde, un insumo del que se ha hablado bastante.

¿Cuántas plantas tiene Comasa? ¿Cuál ha sido su negocio principal y cómo llegó al hidrógeno verde?

Comasa posee activos de generación, principalmente plantas de biomasa. Tenemos dos plantas en la comuna de Lautaro, en la Región de La Araucanía. Además, el grupo del que forma parte Comasa posee tres plantas en la Región del Biobío, principalmente en Coronel.

Nuestro negocio principal siempre fue la generación de energía eléctrica. Sin embargo, se ha vuelto cada vez más competitivo, especialmente por la mayor penetración de otras fuentes, como la solar y la eólica. Eso nos llevó a buscar nuevas formas de sostener nuestra actividad. Nos dimos cuenta de que, además de energía, producíamos CO₂ de origen biogénico, que puede ser un insumo importante para la transición energética, y cenizas provenientes de la combustión.

Junto con universidades y un consorcio tecnológico, fuimos desarrollando el proceso que mencioné. Descubrimos que, al combinar esos componentes con amoníaco verde, podíamos desarrollar un fertilizante con potencial para competir en el mercado tradicional.

Cuando hablas del mercado tradicional de fertilizantes, ¿te refieres a Chile, a Latinoamérica o a una escala mayor?

Hoy hablar del mercado tradicional de fertilizantes también implica hablar de un mercado internacional, porque Chile tiene una dependencia estructural de las importaciones. En el caso de la urea, uno de los fertilizantes nitrogenados más utilizados en el país, el abastecimiento nacional depende de las importaciones.

Por eso dependemos de las fluctuaciones externas. La guerra en Medio Oriente, por ejemplo, ha afectado bastante el precio de los fertilizantes. Cuando hablo del mercado tradicional, me refiero principalmente a la urea, uno de los fertilizantes nitrogenados más utilizados en Chile.

Entonces, el proyecto de Comasa busca reducir parte de esa dependencia y abrir espacio para la producción nacional.

Exactamente. Para dar una idea de la escala, Chile importó alrededor de 1,15 millones de toneladas de fertilizantes en 2025, de las cuales unas 491.000 correspondieron a urea, aproximadamente un 43 % del volumen importado, según cifras de Odepa difundidas por el Ministerio de Economía.

También se utilizan otros fertilizantes nitrogenados, como el sulfato de amonio, aunque en menor proporción. En conjunto, los nitrogenados representan una parte importante de ese mercado.

¿Qué proporción de ese mercado podría sustituir Comasa con sus fertilizantes verdes?

En la primera etapa de escalamiento, estimamos una participación del orden de un 1,3 % a un 1,5 % del mercado nacional. Pero, si logramos desarrollar bien esta tecnología, nuestra proyección de largo plazo es llegar a sustituir hasta un 30 % del mercado nacional, sujeto a validar el desempeño agronómico y el escalamiento industrial.

Para ponerlo en perspectiva, tomando como referencia 500.000 toneladas anuales de urea, su contenido de nitrógeno equivale aproximadamente al de 280.000 toneladas anuales de amoníaco anhidro. Se trata de una equivalencia en contenido de nitrógeno, no de una equivalencia directa de dosis o rendimiento agronómico. Ese es el orden de magnitud del tamaño de una planta grande de amoníaco, como las que se están proyectando en el país.

Acabas de regresar de una gira tecnológica por Europa y China. ¿Qué proyectos conocieron y qué aprendizajes podrían aplicar en Chile?

La gira fue muy productiva. En Países Bajos, donde visitamos un proyecto de captura de CO₂ que lleva más de cinco años en operación. Allí pudimos comprobar que hoy es factible capturar CO₂ de origen biogénico.

Habíamos visto proyectos anunciados o en desarrollo, y algunas personas nos habían señalado que el proceso era más complejo. La principal dificultad para capturar CO₂ en una planta de biomasa está en el pretratamiento, porque la corriente de gas contiene otros componentes. Pudimos ver que ya existen empresas que han desarrollado soluciones confiables para esa etapa. Por lo tanto, la captura de CO₂ podría aplicarse en Chile, previa evaluación de la composición del gas, los requisitos de calidad y los costos de cada instalación.

Además, el mercado chileno de CO₂ es atractivo. Según nuestra estimación, es del orden de 100.000 toneladas anuales. Como referencia, Chile importó desde Argentina unas 20.300 toneladas de CO₂ en 2024, según los datos reportados por Chile en UN Comtrade y publicados por WITS. Existe, por tanto, abastecimiento importado, aunque el país también produce CO₂ de origen fósil.

Después viajamos al norte de China. Allí pudimos ver en operación instalaciones de Envision Energy, incluida una etapa demostrativa de 20.000 toneladas anuales de amoníaco y el complejo de Chifeng, para el que la empresa anunció una capacidad de 320.000 toneladas anuales y su puesta en marcha en julio de 2025. En ese anuncio, Envision lo presentó como el mayor proyecto de amoníaco verde en operación del mundo. Esa experiencia demuestra que es factible operar este tipo de instalaciones.

Una conclusión importante es que el precio tiene que ser competitivo. Aunque se quiera sustituir un producto fósil por uno verde, a nuestro juicio, una prima de precio superior al 10 % o al 20 % dificultaría su adopción. Hay que trabajar mucho en la eficiencia y en los costos. No podemos esperar que el mercado pague el doble. Para que el hidrógeno y el amoníaco verdes se consoliden, deben alcanzar precios competitivos.

También conocimos de primera fuente los problemas que han enfrentado esas plantas. No ha sido fácil: tuvieron dificultades, principalmente en electrólisis, que debieron resolver probando tecnologías y haciendo ajustes. Pero son problemas que hoy pueden abordarse. Si resolvemos esos desafíos tecnológicos, esta industria también puede desarrollarse en Chile.

Si proyectas el papel que podría tener Comasa en la descarbonización, ¿hasta dónde te gustaría llevar este proyecto?

Hay que recordar que gran parte del hidrógeno que se produce en el mundo termina convertido en amoníaco, y que la mayor parte de ese amoníaco se destina a fertilizantes. Alrededor del 70 % del amoníaco se destina a fertilizantes, según la hoja de ruta de la Agencia Internacional de Energía publicada en 2021.

Todas las aplicaciones son válidas, pero me parece natural partir por lo que ya se hace y buscar una forma más eficiente de hacerlo. Según nuestras estimaciones, para producir urea verde a un precio competitivo necesitaríamos electricidad de bajo costo, del orden de 40 dólares por MWh o menos, dependiendo de la escala y de las demás condiciones del proyecto. La investigación, el desarrollo y la innovación ofrecen otras posibilidades, como la que está explorando COMASA H2V..

Hemos desarrollado un fertilizante que, con hasta un 15 % de impregnación de nitrógeno, busca alcanzar resultados agronómicos comparables a los de la urea, que contiene un 46 % de nitrógeno. La comparación debe considerar las dosis por hectárea y las condiciones de los ensayos. Si validamos esa eficiencia, podríamos acercarnos a los costos por hectárea de los fertilizantes tradicionales, aun utilizando amoníaco verde, cuyo costo puede ser mayor.

Por eso creo que es posible pensar en sustituir fertilizantes tanto en Chile como fuera del país. Como referencia de escala económica, las importaciones chilenas de fertilizantes alcanzaron un valor CIF de unos 659,5 millones de dólares en 2025; esa cifra no equivale al valor de venta del mercado interno. Cerca tenemos a Brasil, que tiene un mercado de fertilizantes considerablemente mayor y con el que ya existen rutas para exportar y comercializar. Pienso primero en Chile, luego en Sudamérica y, más adelante, en Europa, donde la descarbonización ya es parte de las decisiones del mercado.

Documento Informativo sobre UREA

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