Diez mandamientos para modernizar la evaluación ambiental en Chile y proyectar el desarrollo nacional
Diez mandamientos para modernizar la evaluación ambiental en Chile y proyectar el desarrollo nacional
Por Jorge Ronda, Profesor Cátedra de Infraestructura Portuaria en Diplomado H2-V PUC.
Fecha publicada: 10 Diciembre, 2024

Dicen que la Biblia puede resumirse en diez mandamientos, y algunos proponen que con ellos sería posible alcanzar la paz mundial. Sin embargo, cuando trasladamos esa idea al sistema de evaluación ambiental en Chile, el panorama se complica. La complejidad institucional que enfrentamos nos obliga a reflexionar sobre cómo nuestras estructuras afectan el desarrollo del país y su proyección futura. Inspirados por autores como Acemoglu, Robinson y Harari, es hora de abordar las instituciones como motores de progreso y autocorrección.
A continuación, presento diez sugerencias clave para avanzar en el desafío de la evaluación ambiental y el desarrollo nacional:
- Participación ciudadana temprana y vinculante
La participación de la comunidad debe ser genuina, inclusiva y en etapas tempranas. Si un proyecto no cuenta con el respaldo ciudadano fundamentado, debe detenerse antes de consumir recursos y tiempo. La igualdad de trato para pueblos originarios y comunidades es esencial para eliminar distinciones entre chilenos.
- Reforma del rol de los tribunales
La autoridad ambiental debe ser el ente exclusivo para resolver asuntos ambientales. Los tribunales sólo deben intervenir para garantizar derechos básicos, limitando el tiempo y los recursos legales. Es urgente evitar la proliferación de acciones legales posteriores a las RCA’s, que benefician más a abogados que a las comunidades.
- Criterios claros y objetivos
Los procesos de evaluación deben basarse en métricas medibles que eliminen la discrecionalidad y subjetividad de los evaluadores. Esto garantizará equidad y transparencia entre distintas evaluaciones.
- Fortalecer las bases técnicas
Las líneas de base ambiental deben estar respaldadas por información técnica sólida y accesible. Sin este soporte, es difícil consensuar criterios de evaluación objetivos.
- Planificación territorial estratégica
Es fundamental definir macro-zonas y usos de suelo a nivel nacional, siguiendo modelos exitosos como el CRUB. Este enfoque evitaría conflictos innecesarios y garantizaría que los proyectos se desarrollen en áreas adecuadas.
- Gestión eficiente de concesiones
Las concesiones marítimas deben permanecer bajo la Armada, mientras que Bienes Nacionales puede liderar adjudicaciones en tierra para impulsar el desarrollo en zonas desatendidas. La coordinación entre estas entidades será clave para garantizar eficacia.
- Patrimonio cultural con propósito
Es necesario repensar cómo gestionamos los hallazgos arqueológicos. Más allá de protegerlos, debemos utilizarlos como herramientas educativas y culturales, evitando que se conviertan en meros objetos almacenados.
- Regulación de ONG’s
Transparencia sobre el financiamiento y las acciones legales de ONG’s y estudios jurídicos permitiría entender mejor su impacto en los grandes proyectos. Esto abriría un debate más informado y menos polarizado.
- Desarrollo regional autónomo
Cada región debe definir su camino al desarrollo, con apoyo de universidades y recursos provenientes de las riquezas naturales del país. Es necesario aprovechar mejor los 4.200 kilómetros de costa para generar nuevas oportunidades económicas.
- Fortalecer la soberanía en zonas extremas
La desconexión de la Isla Grande de Tierra del Fuego y otras zonas australes representa una amenaza geopolítica. Chile debe priorizar su desarrollo e integración, asegurando soberanía efectiva y aprovechando su proximidad a la Antártica.
Avances tecnológicos y colaboración
La digitalización y la inteligencia artificial son aliados estratégicos para reducir tiempos de evaluación, mejorar la transparencia y optimizar los procesos. Un observatorio independiente compuesto por fundaciones, universidades y gremios podría monitorear y evaluar el desempeño del sistema.
Finalmente, el desarrollo debe ser inclusivo y sostenible, beneficiando a todos los chilenos. Sin embargo, es responsabilidad del poder central establecer bases sólidas y generar confianza. El futuro de Chile está en nuestras manos: ¿qué legado queremos dejar a las generaciones venideras?




