Huachipato Cierra: ¿Desilusión Industrial o el Comienzo de la Revolución del Acero Verde en Chile?

Huachipato Cierra: ¿Desilusión Industrial o el Comienzo de la Revolución del Acero Verde en Chile?

Por Arturo De la Sotta CEO de P2X Consulting

Fecha publicada: 26 Diciembre, 2024

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El reciente cierre de la siderúrgica Huachipato no solo representa un duro golpe para la región del Biobío, sino también una llamada de atención para el país. Esta decisión nos enfrenta a una realidad ineludible: la transformación de nuestras industrias es urgente si queremos ser competitivos en el siglo XXI. Sin embargo, detrás de esta aparente tragedia económica y social, hay una oportunidad histórica. La pregunta es si Chile está dispuesto a aprovecharla.

La industria siderúrgica, históricamente dependiente del carbón, es una de las principales emisoras de CO₂ a nivel mundial. Según datos del World Steel Association, la producción de acero es responsable del 7% de las emisiones globales. Esto ha llevado a una presión creciente por parte de gobiernos, inversores y consumidores para descarbonizar el sector. En este contexto, el “acero verde” —fabricado utilizando hidrógeno verde en lugar de carbón— emerge como la solución más prometedora. Y aquí es donde Chile tiene una oportunidad única.

Chile ha sido identificado por organismos como la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) y BloombergNEF como uno de los países con mayor potencial para liderar el mercado del hidrógeno verde. Nuestro país cuenta con un acceso privilegiado a energías renovables: los vientos constantes de Magallanes y la radiación solar única del desierto de Atacama nos permiten producir hidrógeno verde a costos competitivos.

Sin embargo, contar con los recursos no basta. Necesitamos liderazgo político, visión estratégica y, sobre todo, acción. Aquí es donde el cierre de Huachipato podría marcar un antes y un después. ¿Por qué no convertir a esta planta histórica en el epicentro de la producción de acero verde en América Latina?

El Biobío no es solo una región industrial, es una región de tradición. La desaparición de Huachipato no solo afecta a miles de trabajadores, sino a comunidades enteras que han vivido durante décadas bajo la sombra de sus chimeneas. Reconstruir ese tejido social y económico no será fácil, pero el acero verde podría ser la respuesta.

Imaginemos un Biobío revitalizado, donde las antiguas instalaciones de Huachipato sean reconvertidas para producir acero verde utilizando hidrógeno generado con energías renovables locales. Esto no solo devolvería empleo y dignidad a los trabajadores de la región, sino que colocaría a Chile en el mapa como un actor clave en la lucha contra el cambio climático.

La transición hacia el acero verde no será barata ni inmediata. Según estimaciones de la consultora McKinsey, la reconversión de una planta tradicional a una de acero verde puede costar miles de millones de dólares. Pero esta es una inversión necesaria. Y Chile no puede permitirse quedarse atrás.

El Gobierno debe jugar un rol activo en este proceso, no solo como facilitador, sino como catalizador. Esto incluye, Incentivos financieros y tributarios, Infraestructura adecuada, Colaboración público-privada y Educación y capacitación.

Chile no está solo en esta carrera. Países como Suecia y Alemania ya han dado los primeros pasos en la producción de acero verde. En Suecia, el proyecto HYBRIT, una colaboración entre SSAB, LKAB y Vattenfall, produjo el primer acero sin fósiles del mundo en 2021. Alemania, por su parte, ha destinado miles de millones de euros a subsidiar proyectos de hidrógeno verde, consciente de que esta tecnología será clave para mantener su liderazgo industrial en Europa.

Estas experiencias ofrecen lecciones valiosas. Primero, que la colaboración entre sectores es esencial. Segundo, que los subsidios y las políticas claras pueden marcar la diferencia. Y tercero, que los beneficios no se limitan al medioambiente: el acero verde también es una oportunidad comercial en un mundo donde los consumidores y los mercados exigen sostenibilidad.

La inacción no es una opción. Si no aprovechamos esta oportunidad, otros países lo harán. Y mientras ellos construyen industrias sostenibles y competitivas, nosotros quedaremos relegados a vender materias primas baratas, perpetuando un modelo económico que no beneficia a nuestra población ni a nuestro planeta.

Además, el costo del cambio climático no es hipotético, es real y está aquí. Huracanes, inundaciones, incendios forestales y sequías extremas ya están afectando a comunidades en todo el mundo, incluyendo Chile. Invertir en acero verde no es solo una apuesta económica, es una necesidad ética y ambiental.

El cierre de Huachipato podría ser el principio del fin para la industria siderúrgica en Chile, o el comienzo de algo nuevo y transformador. Pero esto no sucederá por inercia. Requiere liderazgo, visión y la voluntad de asumir riesgos.

No podemos permitir que esta oportunidad se pierda en debates estériles o en la burocracia. El tiempo de actuar es ahora. El Biobío, Chile y el mundo están mirando. Es hora de demostrar que somos capaces de enfrentar los desafíos del siglo XXI con la misma fuerza e innovación que nos caracterizó en el pasado.

Chile tiene el potencial de liderar la revolución del acero verde. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a hacerlo?

(El autor(a) es responsable de la exactitud y veracidad del contenido presentado en la columna de opinión. La plataforma y el editor no asumen ninguna responsabilidad por cualquier error, omisión o imprecisión en la información proporcionada.)

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