El hidrógeno verde irrumpe como nuevo eje de poder en la geopolítica del siglo XXI

El hidrógeno verde irrumpe como nuevo eje de poder en la geopolítica del siglo XXI

Por Grace Keller, directora de H2News.

Fecha publicada: 12 Junio, 2025

En un mundo marcado por la transición energética, el hidrógeno verde se está consolidando como un nuevo factor de poder en la geopolítica internacional. Ya no hablamos solo de una alternativa para descarbonizar industrias complejas, sino de un vector estratégico que redibuja alianzas, rutas comerciales, cadenas de suministro y esferas de influencia. El cambio no es solo tecnológico: es estructural.

Del petróleo al sol y al viento

Durante el siglo XX, el acceso y control de los hidrocarburos definieron el equilibrio de poder global. Pero hoy, el protagonismo lo disputan recursos distribuidos de forma muy distinta: el sol, el viento, el agua y la capacidad de transformarlos en energía limpia. Países tradicionalmente periféricos en la geopolítica energética —como Chile, Marruecos, Namibia o Australia— emergen como actores clave en la futura economía del hidrógeno, gracias a su abundancia de recursos renovables y capacidad de producción a bajo costo.

Al mismo tiempo, potencias industriales como Alemania, Japón y Corea del Sur apuestan por convertirse en grandes importadores de moléculas verdes, en un giro que redefine relaciones de dependencia y crea nuevas formas de interdependencia.

El conflicto en Ucrania dejó en evidencia la vulnerabilidad energética de Europa y aceleró su búsqueda por fuentes seguras, limpias y diversificadas. La Comisión Europea reaccionó no solo con políticas de eficiencia o electrificación, sino con una apuesta decidida por el hidrógeno renovable como vector de resiliencia industrial. En este contexto, el hidrógeno deja de ser únicamente una solución climática para convertirse en un escudo estratégico frente a futuras crisis de suministro.

Nuevas rutas, nuevos pactos

La expansión del hidrógeno está dando origen a una nueva geografía de comercio energético. Los corredores como el que une a Chile con Países Bajos, o el de Australia con Japón, evidencian una transformación en las rutas marítimas y los acuerdos logísticos. Infraestructura, diplomacia técnica y cooperación internacional se vuelven tan relevantes como la propia producción.

Pero con ello también surgen desafíos: estándares de certificación, trazabilidad de carbono, reglas comunes. ¿Qué define que un hidrógeno es verdaderamente verde? ¿Cuáles metodologías serán aceptadas por los principales mercados? La diplomacia energética hoy también se libra en laboratorios, mesas técnicas y organismos multilaterales.

A medida que crece la carrera por la masificación del hidrógeno, también se intensifica la competencia tecnológica. Europa defiende su autonomía industrial frente a Asia, mientras que Estados Unidos entró en una aceleración de inversiones masivas bajo su Inflation Reduction Act, que hoy el Presidente Trump ha desarticulado. El liderazgo en la fabricación de electrolizadores, compresores, tecnologías de almacenamiento y aplicaciones downstream será un diferenciador clave.

La geopolítica del hidrógeno no solo trata de quién produce, sino de quién controla la cadena de valor, el conocimiento y la propiedad intelectual. En este escenario, el Sur Global debe asegurar que su rol no sea únicamente el de proveedor de energía primaria, sino también actor de innovación, industria y empleo local.

¿Una nueva diplomacia verde?

El hidrógeno también representa una oportunidad de reposicionamiento internacional. Países del Sur con vocación exportadora pueden negociar acceso a financiamiento, tecnología y cooperación climática. Las alianzas ya no se forjan solo en torno al petróleo, sino al desarrollo sostenible. Así lo demuestra la estrategia de Chile, que combina metas climáticas ambiciosas con una inserción inteligente en los mercados internacionales del hidrógeno.

El concepto de “soft power energético” se redefine: ya no basta con vender energía, también es necesario ofrecer estabilidad, trazabilidad, justicia social y beneficios compartidos.

La geopolítica del hidrógeno verde está en pleno proceso de construcción. Lo que hoy parecen acuerdos bilaterales, pilotos o anuncios de intención, mañana definirán el mapa energético y político del mundo. En ese contexto, los países que comprendan temprano la dimensión estratégica de esta molécula y desarrollen políticas industriales coherentes —basadas en equidad, innovación y soberanía energética— serán los protagonistas del nuevo orden energético global.

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