SINTEF: La descarbonización del transporte exige combinar distintos combustibles cero emisiones según el uso y sector
SINTEF: La descarbonización del transporte exige combinar distintos combustibles cero emisiones según el uso y sector
Fecha publicada: 01 Julio, 2025

En un escenario donde los combustibles de cero y bajas emisiones se multiplican para responder a la urgencia climática global, el instituto de investigación noruego SINTEF ha publicado un análisis que pone en perspectiva las principales tecnologías disponibles y sus aplicaciones más adecuadas según el tipo de transporte. El estudio, elaborado por su equipo científico multidisciplinario compuesto por Deborah Rose, Sigrid Laedre e Ingrid Snustad quienes enfatizan que no existe una solución única para todos los casos y que cada tecnología —como el hidrógeno, amoníaco, metanol, biocombustibles, baterías, entre otras— ofrecen ventajas y desafíos particulares en función del contexto de uso.
No hay una solución única, pero todas son necesarias
“La transición verde en el transporte requerirá múltiples soluciones si queremos cumplir con los objetivos nacionales e internacionales de reducción de emisiones”, sostienen los expertos de SINTEF. En este sentido, el análisis reconoce que todos los combustibles cero emisiones tienen un rol que jugar, aunque su grado de madurez tecnológica, viabilidad económica, infraestructura disponible y adecuación operativa varía significativamente según el sector: terrestre, ferroviario, marítimo o aéreo.
En el transporte terrestre y ferroviario, las soluciones cero emisiones ya han comenzado a implementarse con éxito, particularmente mediante baterías y electrificación directa. Sin embargo, en el sector marítimo, donde las necesidades de autonomía y potencia son distintas, combustibles como el amoníaco, el metanol y el hidrógeno están ganando protagonismo.
El estudio destaca al amoníaco como una opción prometedora en el transporte marítimo, por su alta densidad energética por volumen, que lo hace competitivo frente a otras alternativas. En SINTEF, se trabaja activamente en el desarrollo e implementación de esta tecnología, abordando desde la producción y almacenamiento hasta los sistemas de propulsión, seguridad y regulación.
En cambio, el sector aeronáutico se encuentra en una fase más incipiente de desarrollo tecnológico, aunque ya hay esfuerzos en curso para evaluar el uso de hidrógeno y SAF (combustibles sostenibles de aviación), con miras a una futura adopción comercial.
Mirada integral de las cadenas de valor
Una de las principales recomendaciones del análisis es la necesidad de evaluar integralmente las cadenas de valor de cada combustible, incluyendo aspectos como la disponibilidad de infraestructura, la aceptación pública, los costos asociados y el nivel de preparación tecnológica. “Es clave ver las sinergias entre diferentes mercados y soluciones energéticas, y no analizarlas como compartimentos aislados”, explican desde SINTEF.
El documento menciona como ejemplo el caso del hidrógeno producido por electrólisis, donde la cercanía entre los puntos de producción, acceso a electricidad barata y los usuarios finales, permite optimizar costos y eficiencia. A través de modelos energéticos integrados y herramientas digitales, SINTEF ofrece soporte técnico y económico a empresas e instituciones interesadas en implementar soluciones de movilidad cero emisiones adaptadas a sus realidades específicas.
Conocimiento aplicado para decisiones estratégicas
Con décadas de experiencia acumulada y un equipo reconocido internacionalmente por su expertise en tecnologías limpias, SINTEF pone a disposición del sector público y privado su red de laboratorios, modelos digitales y conocimientos sectoriales para apoyar la toma de decisiones estratégicas.
“La clave está en entender el panorama completo. Con una visión transversal y datos precisos, ayudamos a nuestros clientes a identificar la solución más viable y sostenible para cada aplicación”, concluyen los autores del informe.
Este análisis refuerza el mensaje de que la descarbonización del transporte es posible, pero requerirá decisiones informadas, colaboración público-privada y una planificación tecnológica adaptada a cada realidad.




