De la nieve artificial a la gobernanza climática: lecciones desde los Juegos Olímpicos de Invierno
De la nieve artificial a la gobernanza climática: lecciones desde los Juegos Olímpicos de Invierno
Por Marcos Gibson, Coordinador del Programa Cambio Climático de FLACSO Chile.
Fecha publicada: 02 Marzo, 2026

La crisis climática impacta de manera sustancial en los eventos deportivos masivos y los Juegos Olímpicos de Invierno que se realizaron en los Alpes italianos no fueron la excepción.
Estos Juegos nos permiten divisar que los sitios con clima natural para albergarlos y sus sedes se vuelven inviables durante las próximas décadas si el calentamiento global continúa su espiral ascendente.
Un estudio llevado adelante por la Universidad de Waterloo, Canadá, proyecta que para las ediciones hacia 2050 y 2080 de Juegos Olímpicos, en un escenario con altas emisiones, de las 19 sedes históricas que lo albergaron, solo unas pocas mantendrán las condiciones necesarias para organizar este evento. Un dato no menor es que, en un escenario extremo, solo la sede de Sapporo en Japón podría ser climáticamente confiable dentro de los próximos 50 años.
Sin lugar a dudas, la planificación en cuanto a la estrategia a largo plazo se ve sumamente impactada. Y es por esta razón que las designaciones de las sedes no se pueden medir más en su capacidad de albergar a espectadores, atletas y equipos. La modelación climática e hidrológica, además del cálculo de emisiones, deben ser incluidas. Es por ello que los comités organizadores y los países anfitriones deben anticiparse a esta crisis climática.

Marcos Gibson, Coordinador del Programa Cambio Climático de FLACSO Chile.
De hecho, hasta los sponsors o patrocinadores a nivel global están haciendo estas proyecciones al momento de evaluar sus contratos y el pricing. Por lo que la crisis climática está siendo gravitante en sus decisiones. Esto no se debe solo a sus compromisos climáticos y a regulaciones, sino a las posibles cancelaciones, caída de la audiencia, mayores costos en cuanto a la logística que hacen que el sponsoreo de los Juegos Olímpicos de Invierno se vea afectado al volverse menos predecible y mas riesgoso.
Otro punto llamativo es que el impacto ambiental más determinante no está situado en los venues o estadios, sino en la movilidad de las personas que se desplazan para asistir al evento. La parte más representativa de las emisiones es generada por los vuelos, vehículos, traslados y alojamiento de miles de trabajadores, atletas, equipos y público en general.
En segundo lugar, la energía consumida por las sedes o recintos, los residuos y, en los Juegos de Invierno, la necesidad de tener nieve suficiente en los espacios de competencia, en un escenario global donde es casi generalizado que la nieve llega tarde y en menor cantidad y calidad que en el pasado.
Es aquí donde se pone de relevancia que estos datos son clave para la política pública, donde estos megaeventos presentan altos flujos de movilidad, energía consumida, así como demanda de servicios urbanos. Es por ello que los gobiernos ya no se limitan a manejarlos solo como eventos masivos dentro del ámbito del deporte, sino que pasan a tratarlo como gestión territorial, donde el transporte, la gestión de residuos, la energía, así también como el suministro de agua, no se vean afectados, no solo durante esas dos semanas sino en los años siguientes.
En los Juegos de Milano-Cortina que concluyeron recientemente, se puso foco en utilizar sedes preexistentes (con una cifra cercana al 80%), en base a los aprendizajes que dejaron otras olimpiadas donde se construyeron instalaciones que no pudieron ser reutilizadas, generando altos costos para los gobiernos y para el ambiente.
Es por ello que dentro de la estrategia territorial en Italia se invirtió en movilidad ferroviaria, regeneración de zonas urbanas y renovación de estructuras alpinas, pasando de ser una exigencia de alineación con los objetivos climáticos internacionales y dejando el slogan para convertirse en legado.
Sin dudas, el deporte se transformó en un pilar de la gestión de territorios en donde el clima ya no es una constante . Y la nieve artificial es la postal más clara y nítida de cómo está afectando esta crisis global a estas actividades, con costos que se disparan, estaciones más cortas y con calendarios más impredecibles.
Hablar de costos no solo representa valores pecuniarios. La creación de nieve artificial necesita gran cantidad de recursos, no solo energía sino también agua. Es por ello que el modelo actual, en donde el sector público subsidia este esquema, se está haciendo cada vez más tecnodependiente en detrimento de los recursos naturales.
En los últimos Juegos se creó artificialmente la tan necesaria nieve para las pistas y se gastaron millones de litros de agua frente a las altas temperaturas y la falta de nieve natural. A esto se le suma el gasto energético de la tecnología funcionando las 24 horas de manera ininterrumpida. Y de hecho, el conflicto socioambiental se vio evidenciado en las protestas por la cercanía de los escenarios a zonas protegidas, las cuales ya sufren estrés hídrico y alteración de ecosistemas.
Pero la crisis climática no solo afecta a la carrera: transforma la economía de montaña. Turismo de invierno, trabajo estacional, comercio local, las arcas municipales dependen de la temporada. La disminución de días esquiables impacta los ingresos fiscales y puede generar mayor dependencia de subsidios públicos para mantener estaciones de esquí que operan con márgenes cada vez más ajustados.
Por eso el deporte comenzó a transformarse: hoy el COI y las federaciones están calculando emisiones, usando datos climáticos y diseñando sedes en función del clima futuro, no del pasado. A partir de 2030, las candidaturas deberán seguir criterios climáticos más exigentes, con compromisos claros de reducción y compensación de emisiones.
Este cambio significa algo más profundo: el deporte de alto rendimiento se está transformando en un laboratorio de gobernanza climática. La obligación de medir huellas de carbono, evaluar resiliencia territorial y justificar inversiones ante objetivos de neutralidad climática requiere generar instrumentos de seguimiento, indicadores y sistemas de monitoreo continuo.
Claramente no son responsables de la crisis climática, pero en cuanto a política pública ya no estamos hablando de cuánto afecta al ambiente, sino que hablamos de gobernanza: cómo medir de forma transparente, prever y sincronizar estos grandes eventos con políticas climáticas que tengan coherencia a largo plazo.




