Liderar la transición energética para transformar la industria desde la equidad
Liderar la transición energética para transformar la industria desde la equidad
Por Rebeca Poleo, Presidenta de H2 Chile
Fecha publicada: 09 Marzo, 2026

Cada 8 de marzo nos invita a reconocer avances, pero también a enfrentar lo que aún falta. En Chile, el liderazgo femenino ya no es solo un tema de diversidad, sino de competitividad y desarrollo, especialmente en el sector energético. Aunque hay progresos evidentes, las cifras muestran que el techo persiste y exige acciones más decididas.
Según el Ministerio de Economía, las mujeres representan el 39,6% de la fuerza laboral en empresas, pero su participación cae a 25,6% en gerencias de primera línea y a 22,1% en directorios, evidenciando un “embudo” estructural con costos en innovación y competitividad. En el sector energético, aunque la participación femenina alcanza 21,3%, la brecha persiste con mayor fuerza en cargos técnicos y operativos.
Esto nos dice algo incómodo: estamos ocupando nuevos espacios, pero todavía no llegamos a los lugares donde se decide, donde se opera y donde se construye la experiencia técnica.
La regulación y las políticas públicas han sido fundamentales para impulsar el cambio. En este sentido, Chile ha dado pasos importantes para visibilizar y gestionar esta desigualdad. Ejemplo de ello son la Ley 20.348 que resguarda el derecho a la igualdad de remuneraciones; la Ley 21.645, orientada a la conciliación de la vida personal, familiar y laboral y la Ley N.º 21.757, conocida como “Más Mujeres en Directorios” que busca aumentar la presencia femenina en los más altos cargos corporativos.
A pesar de los avances regulatorios, persisten barreras estructurales que no se superan solo con buenas intenciones. La participación femenina en áreas técnicas sigue bajo el 3%, lo que compromete la capacidad de la industria para escalar con suficiente talento; además, muchas mujeres que ingresan al sector no logran acceder a su primera jefatura, generando un cuello de botella hacia cargos de mayor liderazgo. A esto se suman condiciones culturales y operativas que dificultan la retención, junto con una débil implementación de políticas de conciliación y corresponsabilidad, que siguen siendo claves para la permanencia y el desarrollo profesional.
Como mujer que ha liderado en entornos altamente técnicos, soy testigo de que el talento existe, pero no siempre encuentra puerta de entrada, red de apoyo ni visibilidad. Por eso he puesto parte importante de mi energía en mentorías y en visibilizar capacidades, porque una conversación puede cambiar una trayectoria; porque cuando una mujer ve a otra liderando con solvencia técnica, se inspira en los modelos positivos y crece.
Este 8M, la invitación al sector energético es clara: fijar metas medibles de participación femenina en áreas técnicas y de liderazgo, fortalecer la formación técnica, garantizar conciliación y corresponsabilidad, potenciar mentorías y sponsorship para abrir espacios de decisión. Porque la transición energética no se construye solo con infraestructura, sino con personas; excluir a la mitad del talento no solo es injusto, sino ineficiente.
Celebremos los avances, pero convirtámoslos en aceleración. Que liderar la transición energética en Chile sea también liderar un cambio cultural donde más mujeres puedan participar, crecer y decidir.




