La trampa de la volatilidad petrolera
La trampa de la volatilidad petrolera
Por Rodrigo Baeza Especialista en Hidrógeno Verde y Transición Energética Director Diplomado Hidrógeno Verde (H2V) de la UOH. Articulador de proyectos de H2V, SAF y combustibles sintéticos Chile – Latinoamérica
Fecha publicada: 24 Marzo, 2026

La volatilidad del petróleo ha vuelto a situarse en el centro del debate energético global. Más allá de las fluctuaciones momentáneas, cada episodio de inestabilidad en los mercados revela una realidad estructural preocupante: la economía mundial sigue profundamente expuesta a una fuente de energía inherentemente volátil.
En un contexto marcado por tensiones geopolíticas e interrupciones en las rutas de suministro, el impacto del precio del crudo trasciende por mucho al sector energético. El problema de fondo no es únicamente el costo del combustible, sino la dependencia estructural que el tejido productivo global mantiene sobre el petróleo y sus derivados.
Una economía global construida sobre el petróleo
Aunque la transición energética avanza con distintos ritmos según la región, el petróleo continúa siendo el pilar del sistema productivo. Su influencia es transversal y afecta directamente a las cadenas de valor más críticas:
- Transporte marítimo internacional y aviación comercial.
- Logística terrestre y manufactura.
- Industria petroquímica y producción de plásticos.
- Agricultura moderna y producción de fertilizantes.
Esta interconectividad implica que cualquier variación en el precio se transmita con rapidez a múltiples sectores. Cuando el crudo se vuelve inestable, no solo se encarece la energía; se elevan los costos de producción y logística, generando un efecto dominó que termina afectando al consumidor final y a la estabilidad económica general.
Energía, alimentos e inflación
Uno de los efectos más sensibles de esta dependencia se observa en el sistema alimentario. La correlación entre el precio del petróleo y el costo de los alimentos es directa: desde el funcionamiento de la maquinaria agrícola y la fabricación de fertilizantes hasta el transporte de mercancías. En última instancia, la volatilidad energética se traduce en presiones inflacionarias que golpean con mayor dureza a las economías en desarrollo y a los sectores más vulnerables.
Chile y la oportunidad de la autonomía energética
En este escenario, Chile se posiciona como un actor con ventajas competitivas excepcionales para romper este ciclo de dependencia. El país cuenta con las condiciones técnicas para liderar la producción de energías de transición, como el hidrógeno verde y sus derivados. Estas opciones no son solo una respuesta a la crisis climática, sino una herramienta de soberanía económica que permitiría estabilizar los costos internos frente a las crisis externas. La clave para el país reside en acelerar la creación de una infraestructura portuaria robusta y un marco regulatorio claro que transforme su potencial renovable en una base energética resiliente y de exportación.
Chile no necesita sabotear sus oportunidades energéticas; necesita trabajar, resolver los problemas y transformar su potencial en una industria real.




