Chile necesita reglas e incentivos para acelerar el despliegue de combustibles de bajas emisiones

Chile necesita reglas e incentivos para acelerar el despliegue de combustibles de bajas emisiones

H2 Chile

Fecha publicada: 15 Junio, 2026

La reciente Ruta Energética 2026-2030 del Ministerio de Energía incorporó por primera vez el desarrollo de combustibles de bajas emisiones y bioenergía como una de sus acciones estratégicas, abriendo una oportunidad para que Chile avance en la descarbonización de sectores donde la electrificación por sí sola no será suficiente. Sin embargo, para que este potencial se traduzca en resultados concretos, será necesario generar condiciones habilitantes, marcos regulatorios y señales económicas que permitan escalar estas tecnologías.

Esa es una de las principales conclusiones del análisis “Ruta Energética 2026-2030 y los combustibles de bajas emisiones”, elaborado por Ricardo Rodríguez, director de Estudios de H2 Chile, quien advierte que el país cuenta con ventajas competitivas relevantes para desarrollar distintas rutas tecnológicas, pero que el mercado no despegará únicamente por la disponibilidad de recursos naturales o capacidades industriales.

Una transición energética con múltiples soluciones

En su análisis, Rodríguez sostiene que alcanzar la carbono neutralidad al año 2050 exigirá combinar distintas soluciones tecnológicas. Si bien la electrificación seguirá desempeñando un rol central, existen sectores con emisiones difíciles de abatir donde será necesario impulsar alternativas complementarias capaces de aprovechar infraestructura ya existente.

El documento destaca que los combustibles de bajas emisiones abarcan tecnologías muy diversas. Entre ellas se encuentran los biocombustibles producidos a partir de biomasa, residuos agrícolas, forestales y orgánicos; los combustibles renovables “drop-in”, capaces de reemplazar directamente combustibles fósiles en motores e infraestructuras existentes; y los combustibles sintéticos o e-fuels, elaborados a partir de hidrógeno renovable y dióxido de carbono capturado.

Según el autor, más allá de sus diferencias tecnológicas, todas estas alternativas comparten una ventaja estratégica: permiten reducir emisiones utilizando, al menos parcialmente, los activos e infraestructuras ya disponibles, facilitando una transición más rápida y menos costosa para sectores industriales y de transporte.

Reducciones de emisiones superiores al 80%

El análisis cita evidencia internacional que demuestra que algunas de estas tecnologías pueden reducir emisiones en más de un 80% respecto de los combustibles fósiles que reemplazan.

Esta capacidad de mitigación explica por qué los combustibles de bajas emisiones están adquiriendo un papel cada vez más relevante en las estrategias de descarbonización de economías avanzadas y en industrias que enfrentan importantes desafíos para reducir su huella de carbono.

El documento menciona además que la aviación, el transporte marítimo, la minería y el transporte pesado figuran entre los sectores que podrían beneficiarse de manera significativa de estas soluciones mientras otras alternativas de largo plazo continúan avanzando en madurez tecnológica y escala comercial.

Chile ya cuenta con experiencias concretas

Uno de los aspectos más relevantes destacados por H2 Chile es que el país no parte desde cero.

Entre los ejemplos mencionados se encuentra la producción de diésel renovable por parte de ENAP utilizando aceite de cocina usado, las pruebas realizadas por Copec con aceite vegetal hidrogenado (HVO) en transporte pesado, la puesta en marcha de una planta de bio-LNG en la Región de Ñuble y el proyecto Haru Oni de HIF Global en Magallanes.

Respecto de este último, el informe señala que Chile ya logró producir y exportar combustibles sintéticos elaborados con hidrógeno renovable y CO₂ capturado, posicionándose entre los primeros países del mundo en demostrar esta tecnología a escala precomercial.

Para Rodríguez, estos avances reflejan que la discusión dejó de ser teórica y que el principal desafío ahora consiste en crear las condiciones que permitan ampliar estas iniciativas y hacerlas competitivas a gran escala.

El desafío regulatorio y económico

A pesar del potencial identificado, el estudio reconoce que los combustibles de bajas emisiones aún enfrentan importantes barreras económicas frente a sus equivalentes fósiles.

No obstante, el autor plantea que esta comparación suele omitir los costos asociados al cambio climático, la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero, impactos que actualmente no se reflejan completamente en los precios de mercado.

Frente a este escenario, el documento plantea la necesidad de avanzar en medidas concretas que incluyan el reconocimiento regulatorio de nuevos combustibles renovables, el desarrollo de estándares de calidad y seguridad, sistemas de certificación de intensidad de carbono y señales económicas que valoren efectivamente la reducción de emisiones.

El análisis enfatiza que el objetivo no debe ser privilegiar una tecnología sobre otra, sino establecer reglas claras que permitan competir a distintas alternativas en función de su capacidad para reducir emisiones de manera eficiente.

Una oportunidad para transformar ventajas naturales en desarrollo

El informe sostiene que Chile posee atributos difíciles de replicar para desarrollar combustibles de bajas emisiones a partir de diversas rutas tecnológicas.

Mientras el centro-sur dispone de abundantes residuos agrícolas y forestales que pueden transformarse en energía, las grandes ciudades generan importantes volúmenes de residuos orgánicos y aceites usados susceptibles de valorización. Al mismo tiempo, el norte del país y la Región de Magallanes cuentan con algunos de los mejores recursos renovables del planeta para la producción de hidrógeno verde y combustibles sintéticos.

Según Rodríguez, aprovechar estos recursos permitiría no solo reducir emisiones, sino también impulsar nuevas inversiones, crear empleo, fomentar la innovación y promover el desarrollo regional.

La conclusión del análisis es clara: la carbono neutralidad no se alcanzará apostando por una sola tecnología. Requerirá una combinación de electrificación, eficiencia energética, energías renovables, hidrógeno, captura de carbono y combustibles de bajas emisiones actuando de forma complementaria. En ese contexto, la Ruta Energética 2026-2030 representa una oportunidad para que Chile transforme esa visión en políticas concretas y acelere la reducción de emisiones durante esta década.

Leer documento aquí

Imagen: Planta Haru Oni de HIF en Magallanes

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