Electrolizadores chinos aceleran la caída de costos y acercan la competitividad del hidrógeno verde
Electrolizadores chinos aceleran la caída de costos y acercan la competitividad del hidrógeno verde
Fecha publicada: 25 Junio, 2026

La industria global del hidrógeno verde podría estar entrando en una etapa similar a la que transformó el mercado solar durante la última década. La rápida caída de los costos de los electrolizadores fabricados en China está reduciendo una de las principales barreras económicas para la producción de hidrógeno renovable y acercando, por primera vez, su competitividad frente a las alternativas basadas en combustibles fósiles, de acuerdo a publicación en el medio Denkstrom.
Mientras los sistemas occidentales continúan comercializándose entre US$750 y US$1.300 por kilovatio, fabricantes chinos ya ofrecen electrolizadores alcalinos por valores que oscilan entre US$200 y US$400 por kilovatio. Esta diferencia de precios está generando un cambio estructural en el mercado y abre nuevas oportunidades para regiones con abundantes recursos renovables, como Chile, Australia y Medio Oriente.
La evolución ha sido particularmente acelerada. Según datos de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), en 2020 los electrolizadores alcalinos tenían costos de entre US$1.200 y US$1.500 por kilovatio instalado. Apenas seis años después, los equipos chinos han reducido esos valores hasta en un 80%, reproduciendo una trayectoria que recuerda a la experimentada por la industria fotovoltaica.
China consolida su liderazgo industrial
La expansión de la capacidad manufacturera china explica gran parte de esta tendencia. Empresas como Peric Hydrogen, considerada el mayor fabricante de electrolizadores del país, ya cuentan con una capacidad de producción anual de 6,5 GW. A ello se suma la entrada de gigantes industriales como Longi Green Energy, uno de los mayores fabricantes mundiales de módulos solares, que ha aprovechado sus cadenas de suministro y experiencia en producción masiva para ingresar al negocio de los electrolizadores.
Actualmente, China concentra alrededor del 60% de la capacidad mundial de fabricación de estos equipos, una posición que recuerda el papel que desempeñó en la expansión de la energía solar fotovoltaica durante las décadas pasadas.
La reducción de costos ha sido tan significativa que diversos análisis internacionales muestran que los equipos chinos pueden ser entre dos y cinco veces más económicos que sus equivalentes occidentales.
El impacto sobre el costo del hidrógeno verde
Aunque la disminución del precio de los electrolizadores representa una noticia positiva para la industria, los expertos coinciden en que el principal factor que determina el costo final del hidrógeno verde sigue siendo la electricidad utilizada para producirlo.
Actualmente, la energía eléctrica representa entre el 60% y el 70% de los costos totales de producción. Por ello, las regiones con recursos renovables excepcionales son las que están comenzando a beneficiarse primero de esta nueva realidad.
En zonas con abundante radiación solar o recursos eólicos de alta calidad, como el desierto de Atacama en Chile, la costa noroeste de Australia, Arabia Saudita u Omán, los costos de producción de hidrógeno verde ya se aproximan a los US$2,50 por kilogramo sin subsidios.
Si bien esta cifra continúa por encima del hidrógeno gris producido a partir de gas natural, cuyos costos fluctúan entre US$1,20 y US$1,80 por kilogramo, la diferencia se ha reducido considerablemente respecto de hace cinco años.
Para países como Chile, donde los factores de planta solares y eólicos se encuentran entre los más competitivos del mundo, esta tendencia fortalece las perspectivas de desarrollo de proyectos destinados tanto al mercado interno como a la exportación.
La experiencia solar como antecedente
Los analistas ven en esta evolución una repetición de la denominada “curva de aprendizaje” observada previamente en la industria fotovoltaica.
En 1976, los paneles solares tenían costos cercanos a los US$100 por watt. Para 2024, los precios habían caído por debajo de US$0,30 por watt, una reducción superior al 99%.
Gran parte de esa transformación fue impulsada por la expansión industrial china, especialmente entre 2008 y 2015, período en que los precios descendieron entre 30% y 40% anual y numerosos fabricantes occidentales abandonaron el mercado.
Un fenómeno similar ocurrió con las baterías de ion-litio para vehículos eléctricos, cuyos costos disminuyeron más de un 90% entre 2010 y 2024.
Según proyecciones de IRENA, los electrolizadores aún se encuentran en una fase temprana de esta curva de aprendizaje y podrían reducir sus costos en otro 80% respecto a los niveles registrados en 2020.
Los desafíos regulatorios persisten
Pese al avance tecnológico, persisten desafíos relevantes relacionados con la integridad ambiental de los proyectos.
Diversos organismos y centros de análisis han advertido que el hidrógeno sólo puede considerarse verdaderamente renovable cuando la electricidad utilizada proviene de nuevas instalaciones renovables construidas específicamente para abastecer la producción de hidrógeno, evitando competir con el consumo eléctrico existente.
Este principio, conocido como “adicionalidad”, se ha convertido en uno de los principales temas regulatorios a nivel internacional.
La Unión Europea ya estableció regulaciones que exigen demostrar tanto la adicionalidad de la generación renovable como mecanismos de verificación horaria del consumo eléctrico. Estados Unidos, en tanto, modificó recientemente sus esquemas de incentivos, poniendo fin anticipado al crédito tributario 45V para proyectos de hidrógeno.
Como resultado, el mercado global avanza tecnológicamente, pero aún enfrenta un escenario regulatorio fragmentado y una demanda que todavía no logra consolidarse completamente.
2030 será la prueba decisiva
La próxima gran prueba para la industria llegará hacia finales de esta década.
El Departamento de Energía de Estados Unidos fijó como meta producir hidrógeno limpio a US$1 por kilogramo para 2031 en las mejores condiciones de mercado. Alcanzar ese objetivo dependerá tanto de la continua reducción de costos tecnológicos como de la expansión masiva de energías renovables dedicadas.
Al mismo tiempo, será necesario consolidar contratos de largo plazo que otorguen certeza a inversionistas y compradores. Aunque países como Chile, Australia y varias naciones del Golfo han anunciado ambiciosos proyectos de exportación, los acuerdos comerciales de suministro a gran escala hacia mercados como Europa y Japón siguen siendo limitados.
Para sectores difíciles de electrificar, como la siderurgia, la industria química, el transporte marítimo y parte del transporte pesado, el hidrógeno continúa siendo una de las pocas alternativas tecnológicamente viables para avanzar en la descarbonización.
Si la trayectoria de reducción de costos se mantiene y los marcos regulatorios logran consolidarse, la próxima década podría marcar el punto de inflexión en que el hidrógeno verde deje de depender de subsidios y comience a competir por mérito propio frente a las alternativas fósiles.




