Alemania acelera la capacidad de electrólisis, pero miles de megavatios siguen a la espera de inversión

Alemania acelera la capacidad de electrólisis, pero miles de megavatios siguen a la espera de inversión

Fecha publicada: 14 Julio, 2026

La capacidad mundial de electrólisis continúa creciendo a un ritmo acelerado, impulsada por el aumento de las inversiones y el desarrollo de nuevas soluciones industriales. Sin embargo, el despliegue de proyectos en Alemania sigue enfrentando importantes desafíos regulatorios y económicos que retrasan las decisiones finales de inversión, pese al creciente interés del mercado.

Según información publicada por la revista alemana Erneuerbare Energien, citando datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), la capacidad mundial de electrólisis se multiplicó por nueve entre 2021 y 2025. En el mismo período, las inversiones anuales pasaron de US$500 millones a casi US$8.000 millones, reflejando el fuerte impulso que ha adquirido la industria del hidrógeno renovable.

No obstante, la realidad alemana muestra un escenario más complejo. De acuerdo con el más reciente Monitor del Hidrógeno de la Asociación Alemana de las Industrias de Energía y Agua (BDEW), actualmente existen solo 44 proyectos operativos, que suman 181 MW de capacidad instalada.

A ellos se agregan 27 proyectos adicionales, equivalentes a 1.271 MW, que ya cuentan con decisión de inversión o se encuentran en construcción. Sin embargo, la mayor parte del potencial aún permanece en etapa de planificación: proyectos por 11.896 MW todavía no han recibido una decisión final de inversión.

El BDEW atribuye esta situación principalmente a la incertidumbre regulatoria y a la diferencia existente entre el precio que los compradores están dispuestos a pagar por el hidrógeno renovable y los costos reales de producción.

La industria apuesta por soluciones escalables

En paralelo, los fabricantes de electrolizadores buscan acelerar el paso desde proyectos piloto hacia aplicaciones industriales de gran escala.

La empresa alemana Quest One está centrando su estrategia en soluciones estandarizadas para grandes instalaciones, basadas en un módulo de electrólisis de 10 MW, diseñado para escalar plantas superiores a 100 MW.

El sistema incorpora configuraciones flexibles, incluyendo instalaciones interiores o exteriores, sistemas de purificación de hidrógeno y adaptaciones específicas para cumplir con los requisitos regulatorios tanto en Europa como en Norteamérica.

La compañía también opera una planta demostrativa en Augsburgo, donde recopila datos operativos en condiciones reales para optimizar el rendimiento, validar sistemas de seguridad y adquirir experiencia en procesos de permisos, ingeniería y montaje.

Además, Quest One produce sus electrolizadores en Hamburgo, donde afirma que puede fabricar un stack de electrólisis cada 60 minutos, lo que permitiría responder rápidamente a una eventual aceleración de la demanda.

Sin embargo, el director ejecutivo de la empresa, Michael Meister, advirtió que el desarrollo tecnológico avanza más rápido que el marco regulatorio.

“El mercado podría escalar mucho más rápidamente si las condiciones regulatorias fueran más consistentes y aplicables”, señaló.

El ejecutivo añadió que aspectos como la implementación del acto delegado sobre los Combustibles Renovables de Origen No Biológico (RFNBO), los cargos por uso de la red eléctrica y la definición de cuotas obligatorias para el consumo de hidrógeno en la industria serán determinantes para acelerar el crecimiento del mercado.

La certificación gana protagonismo

Otro de los desafíos identificados por la publicación es la creciente importancia de la certificación del hidrógeno renovable bajo la normativa europea.

Actualmente, el mercado está condicionado por dos mecanismos regulatorios principales. El primero corresponde a los criterios RFNBO, que establecen cuándo el hidrógeno puede certificarse como renovable. El segundo es el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), que aplica un precio al carbono para determinadas importaciones intensivas en emisiones hacia la Unión Europea.

Mientras el CBAM calcula las emisiones incorporadas durante la fabricación del producto, la certificación RFNBO evalúa toda la cadena de valor, desde la generación de electricidad renovable hasta la entrega del hidrógeno al consumidor final.

Según explicó Michael Landspersky, gerente de producto de gases renovables en TÜV Süd, la combinación de ambas auditorías permite reducir costos y tiempos para los desarrolladores.

Desde que la Comisión Europea reconoció oficialmente los sistemas de certificación, TÜV Süd ha certificado principalmente plantas de entre 5 y 10 MW, ya que su producción puede distribuirse mediante camiones cisterna. En contraste, los proyectos superiores a 100 MW continúan enfrentando limitaciones derivadas de la falta de una infraestructura de transporte y almacenamiento de hidrógeno plenamente operativa.

La evolución del mercado muestra que la capacidad tecnológica para escalar la producción ya está disponible. Sin embargo, el desarrollo de grandes proyectos dependerá en buena medida de la consolidación de marcos regulatorios estables, mecanismos de certificación eficientes y una infraestructura que permita transportar y comercializar el hidrógeno renovable a gran escala.

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