Opinión: Chile ya tiene una historia que contar sobre hidrógeno verde
Opinión: Chile ya tiene una historia que contar sobre hidrógeno verde
Por Arturo De la Sotta, CEO de P2X Consulting
Fecha publicada: 08 Octubre, 2026

El Día Internacional del Hidrógeno tiene un pequeño guiño de laboratorio. El 8 de octubre, escrito como 10/08, recuerda su masa atómica: 1,008. En Chile, esta fecha nos encuentra con una historia todavía joven, pero con escenas que vale la pena contar.
Un buen punto para comenzar el relato es 2017, cuando se realizó la primera conferencia internacional sobre hidrógeno con energías renovables en Chile. Al año siguiente nació H2 Chile, una asociación formada por profesionales que querían impulsar esta actividad. Antes de las grandes metas, hubo personas estudiando cómo aprovechar una oportunidad que recién empezaba a tomar forma.
La apuesta adquirió dimensión nacional en noviembre de 2020, con la presentación de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde. El sol del norte y los vientos del sur podían servir para producir hidrógeno mediante electricidad renovable y abrir una nueva actividad industrial y exportadora. Para un país acostumbrado a importar combustibles, imaginar ese futuro tenía algo especialmente atractivo.
Después llegaron las primeras experiencias concretas. En 2021, Anglo American puso en marcha una hidrogenera en Las Tórtolas, en Colina, que utilizaba energía solar y agua reutilizada del proceso minero. El hidrógeno alimentaba una grúa horquilla. Una máquina pequeña dentro de una faena, pero una manera muy clara de mostrar para qué podía servir esta tecnología.
En diciembre de 2022, Haru Oni, de HIF Global, produjo sus primeros litros de gasolina sintética en Magallanes, combinando hidrógeno verde y CO₂. En la ceremonia se cargó un Porsche con ese combustible. El viento patagónico tenía ahora una aplicación que cualquiera podía entender: ayudar a fabricar combustible para mover un automóvil. Era una planta demostrativa, y su valor estaba precisamente en probar y aprender.
La historia también fue sumando tareas menos vistosas. En 2024 se publicó el Plan de Acción de Hidrógeno Verde, que incorporó permisos, formación de personas y participación ciudadana. En marzo de 2026 se presentó la actualización de la estrategia, con mayor atención a la demanda interna, junto con la exportación y el desarrollo sostenible de la industria.
Este año añadió otro avance: en agosto, HNH Energy anunció la aprobación ambiental de su proyecto de hidrógeno y amoníaco verde en Magallanes. Es un hito en su recorrido de permisos. La ingeniería, los contratos y el financiamiento forman parte de las etapas que todavía debe completar para avanzar hacia la construcción.
¿Dónde estamos hoy? A mi juicio, en una etapa de aprendizaje industrial. Tenemos experiencias que producen, proyectos que avanzan y una política que se ha ido ajustando. El desafío es ampliar esos primeros usos y sostenerlos en el tiempo. La Agencia Internacional de Energía describe una situación mundial parecida: crecimiento acompañado de costos altos, incertidumbre sobre la demanda y necesidades de infraestructura.
La estrategia actual fija hitos hacia 2030, entre ellos disponer de infraestructura compartida y lograr decisiones de inversión en proyectos industriales. Para 2035 plantea metas de consumo nacional y exportación de derivados. Cumplirlas exige trabajar desde ahora en los permisos, la demanda y las capacidades que necesita cada proyecto.
Para los próximos años, pondría el esfuerzo en aplicaciones concretas: reemplazar hidrógeno de origen fósil en procesos industriales y desarrollar derivados, como amoníaco o combustibles sintéticos, donde exista una necesidad y compradores. La exportación sigue siendo una posibilidad relevante; el mercado chileno también merece atención desde ahora.
Ese futuro debe tener una expresión cercana. En Magallanes, en el norte y en regiones industriales como el Biobío, me quisiera ver técnicos formados, proveedores locales participando y comunidades que conozcan los proyectos y puedan influir en su desarrollo. Ahí esta historia empieza a importar en la vida cotidiana.
Todos tenemos algo que aportar en este futuro. El Estado debe coordinar permisos e infraestructura con reglas claras y resguardo ambiental. Las empresas y los inversionistas deben concentrar recursos en proyectos con usos y demanda demostrables. Universidades y centros de formación pueden preparar desde hoy a quienes operarán y mantendrán esas instalaciones.
Este 8 de octubre hay motivos para celebrar a quienes abrieron camino. Para lo que viene, propongo una prioridad compartida: conectar las primeras plantas con clientes y capacidades locales que les permitan crecer. Así podremos contar esta historia con más experiencias en funcionamiento y con más personas participando de sus beneficios.




