El hidrógeno verde en Chile: promesas, realidades y el camino por recorrer
El hidrógeno verde en Chile: promesas, realidades y el camino por recorrer
Por Arturo De la Sotta, CEO de P2X Consulting.
Fecha publicada: 16 Abril, 2025

Hace ya más de cuatro años, en noviembre de 2020, Chile presentó ante el mundo su ambiciosa Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde. En un contexto global marcado por la urgencia climática, nuestro país apostó por convertirse en protagonista de esta nueva revolución energética. Se habló entonces con gran entusiasmo de inversiones millonarias, de generación de empleos masivos y de un liderazgo indiscutido en la exportación de hidrógeno verde hacia mercados tan atractivos como Europa y Asia.
La promesa era clara y potente: alcanzar los costos más bajos de producción de hidrógeno verde del planeta hacia 2030, con una capacidad instalada inicial de 5 gigavatios al 2025. La energía limpia proveniente del sol en Atacama y los fuertes vientos patagónicos serían nuestros aliados estratégicos. Sin embargo, hoy, en abril de 2025, es momento de evaluar críticamente cuánto hemos avanzado realmente hacia ese horizonte soñado.
La realidad actual, aunque no exenta de avances valiosos, presenta un panorama que dista de lo originalmente prometido. Si bien se han establecido bases normativas esenciales, como el reciente Reglamento de Seguridad para instalaciones de hidrógeno, y se han concretado proyectos pioneros como la planta industrial de Walmart en Quilicura o Haru Oni en Magallanes, estos hitos permanecen limitados en escala y alcance. Hoy en día, no superamos ni siquiera el 10% de la capacidad proyectada para 2025. Proyectos emblemáticos, anunciados con gran despliegue mediático, todavía permanecen atrapados en las lentas redes de burocracia ambiental y permisos administrativos que reflejan la persistente falta de preparación institucional ante el desafío del hidrógeno verde.
Pero no es solo una cuestión administrativa. La infraestructura necesaria para soportar una verdadera industria de hidrógeno verde en Chile aún es insuficiente. Carecemos de terminales portuarias adaptadas para la exportación de derivados del hidrógeno, nuestras redes eléctricas muestran señales de saturación en puntos clave, y seguimos sin contar con ductos específicos o redes adecuadas para transportar eficientemente este combustible. La falta de infraestructura especializada es una brecha crítica que limita la competitividad chilena en el mercado global del hidrógeno.
A nivel financiero, pese a importantes anuncios y apoyos internacionales significativos por parte de la Unión Europea y organismos multilaterales, los proyectos más ambiciosos aún no logran consolidar inversiones efectivas suficientes. La razón es clara: en ausencia de una demanda firme y contratos de compra seguros, los inversionistas ven con cautela apostar en una industria naciente que todavía no logra competir plenamente en costos frente al hidrógeno convencional proveniente de fuentes fósiles.
Y es precisamente la ausencia de una demanda interna estructurada la que quizás más está ralentizando el proceso. Sectores clave como la minería y el transporte pesado, originalmente llamados a liderar la demanda doméstica, aún no incorporan el hidrógeno verde de forma significativa, salvo pruebas piloto aisladas. Este círculo vicioso—sin demanda no hay inversiones, y sin inversiones no hay demanda—mantiene en suspenso muchas iniciativas cruciales.
Además, factores externos como la volatilidad en los precios internacionales de los combustibles fósiles, la aparición de competidores emergentes como Brasil y Australia, y la incertidumbre sobre regulaciones internacionales, también han influido en el ritmo de avance del hidrógeno verde en nuestro país.
Este diagnóstico, aunque duro, no debe llevarnos al pesimismo. Muy por el contrario, debe ser el impulso necesario para redoblar los esfuerzos y recalibrar nuestra estrategia. Es imprescindible ajustar nuestras metas iniciales, definiendo plazos realistas y alcanzables que permitan mantener el impulso inicial sin caer en promesas vacías. Chile requiere urgentemente fortalecer su institucionalidad específica, agilizar los procesos administrativos y regulatorios, e implementar incentivos económicos audaces y transitorios que ayuden a cerrar la brecha competitiva frente al hidrógeno gris.
Asimismo, la construcción de infraestructura estratégica debe abordarse con la seriedad y la urgencia que merece. Chile necesita puertos especializados, ductos, y redes eléctricas robustas y descentralizadas. Inversiones públicas iniciales podrían catalizar la participación del sector privado, permitiendo la consolidación de clústeres industriales alrededor del hidrógeno, especialmente en regiones estratégicas como Antofagasta, Magallanes y Biobío.
En términos de mercado interno, el Estado tiene un rol fundamental como impulsor y consumidor inicial, incentivando la demanda en sectores como la minería estatal o a través de compras públicas verdes que obliguen a la adopción temprana de tecnologías basadas en hidrógeno. Paralelamente, es vital profundizar la diplomacia energética con países y bloques estratégicos, asegurando mercados de exportación que justifiquen y sostengan las grandes inversiones iniciales.
Finalmente, no podemos olvidar el componente humano. Chile debe desarrollar desde ahora una fuerza laboral capacitada en hidrógeno verde, con programas educativos especializados y colaboración público-privada en investigación e innovación. Solo así podremos capturar un valor que vaya más allá de exportar commodities energéticos, convirtiéndonos en referentes tecnológicos y de innovación.
El hidrógeno verde no es solo una oportunidad económica, sino una obligación moral y ambiental para Chile. Hemos dado pasos iniciales significativos, pero queda mucho por hacer. Hoy nos encontramos ante una encrucijada: o avanzamos con decisión, corrigiendo las brechas detectadas y fortaleciendo nuestra estrategia con pragmatismo y convicción, o arriesgamos quedarnos atrás en una carrera global que no espera por nadie.
Está en nuestras manos elegir el camino correcto. El reloj avanza, el mundo nos observa, y la oportunidad histórica sigue frente a nosotros. No la desperdiciemos.




