Realismo y escala marcan la nueva etapa del hidrógeno

Realismo y escala marcan la nueva etapa del hidrógeno

Por Rebeca Poleo, Presidenta de la Asociación Chilena de Hidrógeno.

Fecha publicada: 29 Enero, 2026

El hidrógeno verde atraviesa hoy su momento más relevante, aunque no exactamente en los términos que muchos anticipamos. Durante años hemos trabajado para impulsar una industria capaz de descarbonizar aquellos procesos donde la electrificación directa no es viable. Sin embargo, es necesario reconocer que la realidad actual es más compleja —y más exigente— que las expectativas iniciales.

La industria avanza, pero lo hace bajo reglas distintas a las imaginadas en su fase de mayor entusiasmo. El escenario global ya no está marcado por promesas, sino por decisiones económicas, ejecución efectiva y una creciente presión por resultados concretos.

Las cifras que importan

Según el Global Hydrogen Compass 2025 del Hydrogen Council, publicado en septiembre de 2025, la industria del hidrógeno alcanzó un nuevo récord: US$110.000 millones en inversiones comprometidas a nivel global en proyectos post-FID, en construcción o ya en operación. Esto representa US$35.000 millones adicionales respecto de 2024, equivalente a un crecimiento interanual cercano al 50%.

Desde 2020 se han anunciado más de 1.700 proyectos en el mundo. Sin embargo, se observa una depuración natural del portafolio: aproximadamente un 3% de los proyectos ha sido cancelado en los últimos 18 meses. Lejos de ser una señal negativa, este ajuste refleja el tránsito desde una etapa dominada por anuncios hacia un ciclo de ejecución más disciplinado y realista.

Asia y Norteamérica concentran hoy el liderazgo en inversión, mientras Europa cumple un rol clave en la construcción de la demanda futura, principalmente a través de regulación y mecanismos de mercado.

BloombergNEF proyecta que en 2026 se alcanzarán 900.000 toneladas métricas de hidrógeno limpio en operación a nivel global, lo que representa un incremento del 45% respecto de 2025. La cifra es positiva, pero con un matiz relevante: el 66% de ese volumen corresponderá a hidrógeno azul, y no verde como muchos anticipaban.

La razón es esencialmente económica. El hidrógeno azul es competitivo hoy. El hidrógeno verde lo será entre 2030 y 2035, cuando la tecnología de electrólisis madure, se consoliden las cadenas de suministro y se alcance la esperada paridad de costos.

El juego geopolítico del hidrógeno

Mientras Europa continúa inmersa en discusiones regulatorias complejas —RFNBO, CBAM, RED III—, China avanza con una lógica de ejecución implacable. El 98% de su capacidad de hidrógeno verde proviene de electrólisis, y sus tiempos de construcción se reducen a 12 meses o menos. Esta eficiencia le permite alcanzar costos de producción entre US$2,50 y US$3,50 por kilo, prácticamente en paridad con el hidrógeno azul.

Si bien el costo de la electricidad sigue siendo un factor determinante, China e India han demostrado que una estrategia integral —basada en eficiencia constructiva, economías de escala, integración vertical y reducción de costos logísticos— puede transformar por completo la ecuación económica del hidrógeno.

No se trata de una ventaja coyuntural, sino de un cambio estructural en el liderazgo de la cadena de valor global.

Chile como reflejo de la realidad latinoamericana

Chile ofrece hoy un espejo nítido de este dilema global. De los tres megaproyectos de exportación con inversiones superiores a US$10.000 millones, actualmente solo permanecen dos. La semana pasada, AES Andes canceló el proyecto INNA, mientras que TotalEnergies y HNH Energy concentran sus esfuerzos en resolver los desafíos asociados a la tramitación de permisos ambientales.

Sin embargo, hay un dato clave que merece atención: los proyectos de menor escala, orientados a demanda local, avanzan sin mayores contratiempos.

Susterra, con una inversión de US$400 millones, cuenta con RCA aprobada y tiene como objetivo abastecer a la industria minera local. Volta, con US$2.500 millones de inversión y RCA aprobada, avanza en el cierre de acuerdos comerciales tanto para exportación de amoníaco como para atender demanda local en minería, transporte marítimo e insumos para fertilizantes. Por su parte, HIF, con US$830 millones y RCA aprobada, proyecta escalar su producción a partir del aprendizaje acumulado en su planta piloto, que hoy produce e-fuels para exportación y para iniciativas locales en la Región de Magallanes.

La conclusión es clara: los proyectos con demanda comprobada, clientes identificados y plazos realistas avanzan con mayor velocidad. De ahí la importancia estratégica de priorizar la aprobación del Proyecto de Ley de Incentivo a la Demanda Local, actualmente en segundo trámite en el Congreso, como herramienta clave para consolidar un mercado interno robusto.

Realismo antes que ambición desmedida

La gran lección parece evidente. En el corto plazo, el camino viable no es la exportación masiva, sino la construcción metódica de una industria local. Es esta la que permite acelerar la curva de aprendizaje, madurar el mercado interno con demanda concreta, reducir riesgos, mejorar la gestión tecnológica y formar el capital humano necesario.

Solo sobre esa base será posible habilitar, en el mediano y largo plazo, una industria exportadora sólida y competitiva.

La industria del hidrógeno no está en crisis. Está, simplemente, entrando en su fase de maduración. Y como toda madurez, exige menos épica y más rigor.

(El autor(a) es responsable de la exactitud y veracidad del contenido presentado en la columna de opinión. La plataforma y el editor no asumen ninguna responsabilidad por cualquier error, omisión o imprecisión en la información proporcionada.)

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