El bio-metanol emerge como una opción clave para la descarbonización del transporte marítimo
El bio-metanol emerge como una opción clave para la descarbonización del transporte marítimo
Fecha publicada: 06 Mayo, 2026

El Centro Mærsk Mc-Kinney Møller para la Navegación Cero Carbono (MMMCZCS) ha publicado una ficha técnica detallada sobre el bio-metanol como combustible alternativo para la industria naviera, dentro de una serie de ocho documentos que analiza las principales opciones disponibles para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en el sector. El informe, elaborado por Annalicia Poehler y Nikolaj Enevoldsen bajo la supervisión del MMMCZCS, sintetiza investigaciones previas del centro y aportaciones de expertos del sector.
La transición desde los combustibles fósiles hacia alternativas de bajas emisiones es considerada esencial para la descarbonización del transporte marítimo. El bio-metanol se posiciona como uno de los candidatos más viables, aunque el documento advierte que ninguna solución es perfecta ni universalmente aplicable.
Sostenibilidad y emisiones a lo largo del ciclo de vida
Uno de los aspectos centrales del informe es el análisis de las emisiones de GEI a lo largo de toda la cadena de valor del bio-metanol. El combustible puede producirse mediante dos rutas principales: la reforma de biogás y la gasificación de biomasa leñosa. Las emisiones de ciclo de vida varían considerablemente, situándose entre 3 y 30 gramos de CO₂ equivalente por megajulio, en función del tipo de materia prima, la tecnología de conversión y la logística de suministro.
La ruta de gasificación genera, en general, menores emisiones en las fases previas al uso, gracias a una mayor eficiencia de conversión. Sin embargo, esta tecnología tiene un menor nivel de madurez industrial y mayor complejidad, lo que limita su adopción a gran escala. Por su parte, la reforma de biogás está más extendida pero puede generar emisiones fugitivas de metano durante la producción y el acondicionamiento del biogás.
La combustión de bio-metanol produce CO₂ de origen biogénico, considerado neutro en carbono, ya que el dióxido de carbono emitido es aproximadamente compensado por el absorbido durante el crecimiento de la biomasa. No obstante, el uso de un combustible piloto adicional incrementa las emisiones globales y debe incluirse en los cálculos de ciclo de vida.
Riesgos de sostenibilidad más allá del clima
El documento identifica riesgos adicionales que van más allá del impacto climático. En primer lugar, la inflamabilidad y toxicidad del bio-metanol exigen una manipulación especial y generan preocupaciones de salud y seguridad, además de la formación de contaminantes atmosféricos asociados a enfermedades respiratorias. En segundo lugar, cuando se produce a partir de cultivos de primera generación, el bio-metanol plantea riesgos relacionados con el cambio de uso del suelo, la biodiversidad y la seguridad alimentaria, ya que los recursos agrícolas podrían desviarse de la producción de alimentos. Los marcos de sostenibilidad promueven el uso de materias primas residuales o de desecho para mitigar estos impactos.
Disponibilidad de la materia prima e infraestructura
Las dos rutas de producción principales —reforma de biogás y gasificación— dependen de materias primas diferenciadas. La primera aprovecha residuos biogénicos como estiércol, residuos agrícolas y residuos alimentarios. La segunda se basa en biomasa forestal, disponible en grandes volúmenes aunque con demanda creciente de otros sectores, y aún no está comercializada para la producción de bio-metanol a gran escala.
En cuanto a la infraestructura, el desarrollo de una planta de bio-metanol requiere entre cinco y seis años, incluyendo los permisos y las fases de ingeniería, aprovisionamiento y construcción. La capacidad de las instalaciones es escalable, pero depende en gran medida de la disponibilidad regional de residuos adecuados y de la infraestructura de apoyo.
Adopción en la flota marítima
El bio-metanol comparte con el metanol convencional sus características como combustible líquido de bajo punto de inflamación, cuyo manejo seguro a bordo está respaldado por prácticas establecidas y buques en operación comercial actualmente. El informe señala que no existen barreras significativas para la seguridad a bordo. Para los motores de dos tiempos, el metanol requiere un combustible piloto equivalente al 6% de la energía a una carga del 80%.
Sin embargo, persisten limitaciones logísticas relevantes. Las instalaciones de almacenamiento y bunkerizado de metanol son todavía escasas. Las exigencias de bunkerizado varían entre puertos —en acoplamientos de mangueras y requisitos de líneas de retorno de vapor— y no existe aún un estándar global unificado. Las barcazas convencionales no pueden utilizarse para el bunkerizado de metanol, lo que obliga a soluciones específicas de proyecto, más costosas y complejas.
Marco regulatorio en evolución
El entorno normativo está todavía en construcción. La Organización Marítima Internacional (OMI) trabaja en el Marco de Cero Emisiones Netas, un conjunto de medidas técnicas y económicas alineadas con su Estrategia de GEI de 2023, cuyo calendario de adopción e implementación aún no está cerrado. Asimismo, las directrices sobre criterios de sostenibilidad y la cuantificación de las emisiones de ciclo de vida de los combustibles alternativos siguen en desarrollo.
La OMI ha aprobado directrices provisionales para el uso de metanol como combustible en buques (MSC.1/Circ.1621) y la norma ISO 6583:2024 establece los requisitos de calidad del metanol para uso naval. Para el bio-metanol en particular, resulta especialmente relevante la definición de cómo se contabilizan las emisiones evitadas procedentes de materias primas residuales en los marcos regulatorios.
Perspectivas comerciales y competencia por los recursos
Desde el punto de vista económico, el informe estima que el coste de producción del bio-metanol equivale a 2,5 veces el precio del fuelóleo de bajo contenido en azufre (LSFO) por unidad de energía, tanto en 2026 como en 2030. El coste de abatimiento se sitúa en torno a los 200 dólares por tonelada de CO₂ equivalente evitada, sin incluir el coste del buque.
Más allá del sector naviero, se espera una demanda creciente de bio-metanol desde la industria química para la fabricación de plásticos y otros productos derivados de hidrocarburos. Esto significa que el combustible compite con otros usos de la biomasa y el biogás, incluidos otros biocombustibles, procesos químicos y generación de calor y electricidad.
El informe concluye que, si bien el bio-metanol ofrece un perfil de emisiones prometedor y tecnologías de uso a bordo ya maduras, la industria debe avanzar en la armonización de criterios de sostenibilidad, la expansión de infraestructura de bunkerizado y la reducción de costes para que este combustible pueda desempeñar un papel relevante en la descarbonización marítima hacia 2050.




