La transición energética entra en tensión y el mundo vuelve a los combustibles fósiles
La transición energética entra en tensión y el mundo vuelve a los combustibles fósiles
Por Grace Keller
Fecha publicada: 14 Mayo, 2026

La discusión en torno al cambio climático no debería centrarse en liderazgos políticos circunstanciales, sino en la preocupante disposición del engranaje global —desde las potencias hasta las multinacionales— a retroceder en sostenibilidad. En muchos casos, el compromiso ambiental ha demostrado ser superficial, cediendo rápidamente ante incentivos de corto plazo. ¿Qué tan profundo es realmente el compromiso del sistema global con la transición sostenible cuando las presiones económicas comienzan a tensionarlo?
Es innegable que los combustibles fósiles son el “sueño de progreso”. Durante el siglo pasado, han sido clave en el desarrollo económico y social, lo que explica la tendencia de volver a lo conocido.
Sin embargo, esta dependencia tiene un tinte de adicción: pese al discurso, la producción de fósiles nunca bajó realmente. El consumo sigue en aumento y, ante el miedo de perder competitividad, la industria corre a refugiarse en el petróleo y el gas. Solo como dato, la producción regional (Latam) de petróleo creció 20% y la de gas natural 10% durante 2025, de acuerdo a reporte de OLACDE.
El riesgo no es solo ambiental; es estructural. La “máquina renovable” no es un interruptor que se apaga y se enciende a voluntad. Detener la inversión en innovación, como el hidrógeno renovable y sus derivados, o perder el talento humano especializado, significará una parálisis de décadas mañana.
En este tablero, el ejemplo de China resulta tan pragmático como inquietante. Mientras Occidente se debate en crisis de identidad energética, Pekín sigue empujando las renovables y los derivados del hidrógeno con una disciplina férrea. No lo hacen por convicción moral, sino por una visión geopolítica del mañana, porque para dominar el mundo, primero hay que asegurar que quede un mundo que dominar, y segundo, hay que ser el dueño de la tecnología que lo mantenga encendido.
Estamos ante un costo de oportunidad histórico. Persistir en el pasado puede dejarnos fuera del futuro. La verdadera soberanía ya no se mide en barriles, sino en la capacidad de innovar antes de que el tiempo se agote.




