El hidrógeno verde se construye con contratos, no con entusiasmo

El hidrógeno verde se construye con contratos, no con entusiasmo

Por Arturo De la Sotta, CEO de P2X Consulting.

Fecha publicada: 23 Junio, 2026

Chile no necesita otra década de promesas sobre hidrógeno verde. Necesita proyectos financiados que lleguen a decisión final de inversión, permisos que avancen con agilidad, contratos de compra firmados y desarrollos Power-to-X que entren en operación. El potencial ya está demostrado; la exigencia actual es la bancabilidad.

En ese contexto, la Mesa Público-Privada para analizar instrumentos financieros en hidrógeno renovable y Power-to-X es una señal relevante. No porque resuelva el problema por sí sola, sino porque pone el foco donde corresponde: el escalamiento depende de estructuras financieras que permitan convertir riesgo en inversión efectiva.

Hoy el hidrógeno compite en un mercado donde no basta con el recurso renovable. Pesan el costo de capital, la estabilidad regulatoria, la certificación, la logística y la existencia de offtakers reales. La ventaja natural abre la puerta, pero no garantiza la inversión.

El mayor potencial para Chile está en el Power-to-X, donde el hidrógeno se transforma en productos de alto valor como amoníaco, metanol, combustibles sintéticos y e-fuels para transporte pesado, marítimo y aéreo. Es ahí donde la industria deja de ser promesa y se convierte en encadenamiento productivo.

Pero estos proyectos no se financian como infraestructura energética tradicional. Integran múltiples capas de riesgo: generación renovable, electrólisis, agua, almacenamiento, infraestructura portuaria, certificación y contratos de largo plazo. Sin una correcta asignación de riesgos, el capital simplemente no entra o se encarece de forma prohibitiva.

Europa ya entendió esto con instrumentos como el Hydrogen Bank, que no solo subsidia, sino que crea señales de precio y mecanismos para cerrar brechas de financiamiento. Chile no necesita copiar el modelo, pero sí asumir su lógica: sin instrumentos transitorios bien diseñados, la primera ola de proyectos no despega.

El financiamiento debe enfocarse en cuatro frentes:

Primero, garantías y coberturas para reducir el riesgo de la primera ola. No todos los riesgos deben ser absorbidos por el Estado, pero tampoco podemos pedirle al mercado que financie una industria nueva como si ya tuviera veinte años de historia operacional. Riesgo tecnológico, riesgo de construcción, riesgo de demanda, riesgo de precio y riesgo regulatorio deben tratarse con herramientas distintas.

Segundo, contratos de largo plazo. Sin offtake no hay deuda. Y sin deuda competitiva, no hay escala. Los compradores ancla son tan importantes como los productores. Minería, puertos, industria química, combustibles marítimos, aviación, fertilizantes y logística pesada deben pasar de la declaración de interés al contrato estructurado. La demanda no puede seguir siendo una aspiración; debe transformarse en un documento bancable.

Tercero, permisos con trazabilidad. La permisología no se resuelve bajando estándares, sino profesionalizando el proceso. Un proyecto bien diseñado debe saber qué se le exige, quién resuelve, en qué plazo y bajo qué criterios. La incertidumbre administrativa es costo financiero puro. Cada mes de atraso aumenta CAPEX, deteriora retornos y hace que el capital mire otros mercados.

Cuarto, infraestructura compartida. Puertos, ductos, desalación, almacenamiento, caminos, subestaciones y zonas industriales no pueden desarrollarse proyecto por proyecto como islas aisladas. Si Chile quiere PtX competitivo, debe pensar en hubs. La infraestructura común baja costos, reduce duplicidades y permite que nuevos actores entren al mercado sin levantar toda la cadena desde cero.

La oportunidad para el próximo gobierno es clara. Si quiere acelerar la inversión, el hidrógeno verde ofrece un espacio concreto para demostrar capacidad de ejecución. Más que una agenda energética, debe entenderse como una agenda de desarrollo país, que involucre a Hacienda, Economía, Medio Ambiente, Obras Públicas, CORFO, la banca, aseguradoras, organismos multilaterales y la industria. Sin coordinación, los proyectos no avanzan; con incentivos alineados, pueden transformarse en una fuente de crecimiento, empleo especializado y competitividad.

También es necesario asumir una realidad incómoda: no todos los proyectos anunciados llegarán a construirse. Y eso no es un fracaso. Una industria sólida se construye priorizando iniciativas técnicamente maduras y financieramente viables. En un contexto de capital escaso, la selección importa tanto como la ambición.

En esta etapa, menos puede ser más. Es preferible contar con algunos proyectos bien estructurados, con compradores, permisos, ingeniería y financiamiento asegurado, que acumular anuncios sin posibilidades reales de ejecución. La industria necesita menos expectativas y más cierres exitosos.

El hidrógeno verde no se financia con entusiasmo, sino con contratos, garantías, infraestructura, permisos y demanda real. Chile tiene las condiciones para liderar, pero la ventana de oportunidad no permanecerá abierta indefinidamente. Sin financiamiento no hay proyectos; sin proyectos no hay industria; y sin industria, el potencial seguirá siendo una promesa pendiente.

(El autor(a) es responsable de la exactitud y veracidad del contenido presentado en la columna de opinión. La plataforma y el editor no asumen ninguna responsabilidad por cualquier error, omisión o imprecisión en la información proporcionada.)

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