Chile, entre la diversificación energética y la vulnerabilidad estructural

Chile, entre la diversificación energética y la vulnerabilidad estructural

Por Arturo De la Sotta, CEO de P2X Consulting.

Fecha publicada: 19 Agosto, 2024

Por Arturo De la Sotta. CEO de P2X Consulting.

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El sistema eléctrico chileno ha logrado avances significativos en los últimos años, consolidando una matriz energética diversificada que se ha convertido en un referente regional. Sin embargo, el reciente temporal que azotó la zona centro-sur del país ha puesto en evidencia las debilidades estructurales y la insuficiencia de las medidas de prevención y respuesta ante emergencias climáticas. Este evento no solo interrumpió el suministro eléctrico a miles de hogares, sino que también nos obliga a reflexionar sobre la verdadera capacidad de nuestro sistema para enfrentar un futuro en el que los fenómenos climáticos extremos serán cada vez más frecuentes e intensos.

Chile, con su geografía única y su alta exposición a riesgos naturales, ha desarrollado un sistema eléctrico que, bajo condiciones normales, funciona con eficacia. La diversificación de la matriz energética ha sido un logro destacado, especialmente con la incorporación de energías renovables no convencionales (ERNC) como la solar y la eólica, que actualmente representan una parte significativa de la generación eléctrica del país. Esta transformación ha permitido reducir la dependencia de los combustibles fósiles y ha contribuido a los compromisos internacionales de reducción de emisiones de carbono. Sin embargo, este enfoque en la generación de energía no ha ido acompañado de un esfuerzo equivalente en la modernización y robustecimiento de la infraestructura de transmisión y distribución, lo que deja al sistema vulnerable ante eventos naturales extremos.

El temporal de agosto expuso estas vulnerabilidades de manera cruda. Las intensas lluvias y los fuertes vientos derribaron postes, dañaron líneas de transmisión y provocaron fallas en subestaciones clave, resultando en apagones prolongados en varias regiones del país. En algunos casos, el suministro eléctrico tardó días en ser restablecido, lo que afectó gravemente no solo a las familias, sino también a la actividad económica y a servicios esenciales como hospitales y sistemas de agua potable. Este evento es un recordatorio urgente de que la infraestructura eléctrica de Chile no está a la altura de las exigencias que el cambio climático nos impone.

La experiencia internacional nos ofrece ejemplos claros de cómo otros países han abordado la necesidad de fortalecer sus sistemas eléctricos ante fenómenos climáticos severos. En Estados Unidos, los huracanes y tornados han obligado a las autoridades y a las empresas eléctricas a realizar inversiones masivas en la modernización de sus redes. El huracán Sandy, que en 2012 dejó a más de 8 millones de personas sin electricidad en la costa este de Estados Unidos, impulsó la implementación de un plan de resiliencia que incluyó la construcción de barreras contra inundaciones, la elevación de subestaciones y la instalación de sistemas de generación distribuida para garantizar el suministro en situaciones de emergencia. Estas medidas, aunque costosas, han demostrado ser esenciales para minimizar el impacto de futuros eventos climáticos extremos.

En Chile, se estima que las inversiones necesarias para modernizar y robustecer la red eléctrica podrían ascender a varios miles de millones de dólares. Esto incluye no solo la reparación y mantenimiento de la infraestructura existente, sino también la implementación de nuevas tecnologías, como redes inteligentes, almacenamiento de energía y sistemas de monitoreo avanzado que permitan una respuesta más rápida y eficiente ante emergencias. El costo es alto, pero las consecuencias de no realizar estas inversiones serían mucho mayores. Los daños económicos, sociales y ambientales de futuros apagones masivos serían devastadores, afectando no solo a los consumidores, sino también a la economía en su conjunto.

Un aspecto crítico que debe ser abordado con urgencia es la regulación y los incentivos para la inversión en infraestructura resiliente. El marco regulatorio chileno ha sido eficaz en fomentar la inversión en generación de energía, especialmente en el desarrollo de proyectos de ERNC. Sin embargo, la misma atención no se ha dado a la infraestructura de transmisión y distribución, que es la columna vertebral de nuestro sistema eléctrico. Las empresas eléctricas necesitan incentivos claros y sólidos para invertir en la modernización de sus redes. Esto podría incluir la implementación de subsidios, créditos fiscales y financiamiento a largo plazo para proyectos que mejoren la resiliencia del sistema eléctrico. Además, es fundamental que las regulaciones sean estrictas y que se apliquen con rigor, asegurando que las empresas cumplan con los estándares más altos de seguridad y eficiencia.

El gobierno, por su parte, debe asumir un rol proactivo en la planificación y coordinación de estas inversiones. La creación de un fondo nacional para la resiliencia energética, financiado con aportes tanto del sector público como del privado, podría ser una solución viable para movilizar los recursos necesarios. Este fondo podría destinarse exclusivamente a proyectos de modernización de la infraestructura eléctrica, priorizando aquellas zonas más vulnerables a los efectos del cambio climático. Asimismo, es crucial que el Estado lidere la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías que permitan una gestión más eficiente y segura de la red eléctrica.

El cambio climático es una realidad ineludible, y sus efectos ya están siendo palpables en Chile. Las proyecciones indican que los eventos climáticos extremos, como temporales, inundaciones y sequías, serán cada vez más frecuentes e intensos. Ante esta realidad, no podemos permitirnos la complacencia. Debemos prepararnos para un futuro en el que los desafíos energéticos serán más complejos y demandantes. Esto significa no solo adaptarnos a las nuevas condiciones, sino también anticiparnos a ellas, construyendo un sistema eléctrico que sea capaz de resistir y recuperarse rápidamente de cualquier eventualidad.

En conclusión, el temporal de agosto ha sido una llamada de atención que no podemos ignorar. Nuestro sistema eléctrico ha demostrado ser vulnerable, y esta vulnerabilidad solo se acentuará con el tiempo si no actuamos de manera decidida y coordinada. Las inversiones necesarias para fortalecer nuestra infraestructura eléctrica son significativas, pero son una inversión en el futuro de nuestro país. Un futuro en el que todos los chilenos puedan contar con un suministro eléctrico confiable, incluso en las condiciones más adversas. Es hora de que tanto el sector público como el privado asuman su responsabilidad y tomen las medidas necesarias para asegurar que Chile esté preparado para enfrentar los desafíos que el cambio climático nos impone. Porque, al final del día, el costo de no hacerlo será infinitamente mayor.

(El autor(a) es responsable de la exactitud y veracidad del contenido presentado en la columna de opinión. La plataforma y el editor no asumen ninguna responsabilidad por cualquier error, omisión o imprecisión en la información proporcionada.)

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