Financiamiento global para la transición energética alcanza nuevo récord, pero el ritmo aún no basta para cumplir las metas climáticas
Financiamiento global para la transición energética alcanza nuevo récord, pero el ritmo aún no basta para cumplir las metas climáticas
H2NEWS
Fecha publicada: 19 Noviembre, 2025

El más reciente informe Global Landscape of Energy Transition Finance 2025, elaborado por la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) en colaboración con el Climate Policy Initiative (CPI), ofrece una radiografía precisa del flujo de capital mundial hacia las tecnologías bajas en carbono. En 2024, la inversión total en la transición energética alcanzó un máximo histórico de 2,4 billones de dólares, lo que representa un incremento del 20% respecto al promedio de 2022–2023. Sin embargo, el avance continúa siendo insuficiente frente a lo que exige el escenario de 1,5 °C que la propia IRENA proyecta en su World Energy Transitions Outlook. Para cumplir con esa meta, las inversiones deberían duplicarse antes de 2030, especialmente en eficiencia energética, hidrógeno verde y redes eléctricas.
El estudio, que constituye la cuarta edición del análisis global de financiamiento energético, amplía su mirada más allá de las energías renovables para incluir almacenamiento, transporte eléctrico, hidrógeno verde, eficiencia y manufactura de tecnologías. El documento fue liderado por Faran Rana (IRENA) bajo la supervisión de Ute Collier, Diala Hawila y Costanza Strinati (CPI), y se apoya en la colaboración de más de treinta expertos internacionales.
Desigualdad estructural en la inversión global
Uno de los hallazgos más contundentes es la concentración de los flujos financieros: China y las economías avanzadas absorbieron el 90% del total invertido en 2024, dejando a los países menos desarrollados con apenas el 0,22% del financiamiento global. África subsahariana, pese a su vasto potencial solar y eólico, continúa siendo la región más marginada, con una inversión per cápita de apenas 15 dólares, frente a los 248 dólares de China o los 229 dólares de Europa. La brecha refleja no solo una asimetría económica, sino también la falta de marcos regulatorios y garantías financieras que reduzcan el riesgo percibido por los inversionistas en mercados emergentes.
Renovables al alza, pero con retos en tecnología y diversificación
Las energías renovables concentraron 807 mil millones de dólares, un aumento del 22% respecto al bienio anterior. La energía solar fotovoltaica se mantiene como la única tecnología que avanza a la velocidad necesaria para cumplir con los objetivos climáticos. En contraste, la eólica —tanto terrestre como marina— requiere triplicar y hasta multiplicar por ocho sus niveles de inversión. La energía hidráulica, bioenergética y geotérmica permanecen rezagadas por los altos costos iniciales y las dificultades para acceder a financiamiento de largo plazo. IRENA advierte que el fortalecimiento de políticas específicas y esquemas de riesgo compartido será determinante para reactivar estos segmentos.
El hidrógeno verde retrocedió por primera vez desde 2019. El informe atribuye la caída a la falta de contratos de compraventa a largo plazo, la ausencia de infraestructura de transporte y los altos costos financieros derivados de la incertidumbre regulatoria. La encuesta realizada por IRENA entre actores del sector identifica el riesgo comercial y de mercado como el principal obstáculo para la materialización de los proyectos. En 2024, la inversión global en esta tecnología fue de 19 mil millones de dólares, un descenso superior al 20% frente al promedio 2022–2023.
Redes eléctricas, almacenamiento y transporte limpio
La modernización de redes eléctricas es otro de los puntos críticos. En 2024 se destinaron 359 mil millones de dólares, un incremento del 14%, pero muy por debajo de los 671 mil millones anuales que deberían invertirse entre 2025 y 2030. IRENA destaca que solo una cuarta parte de los fondos actuales se orienta a nuevas conexiones y refuerzos para integrar renovables; la mayoría se dirige al reemplazo de infraestructura envejecida. Las limitaciones de capacidad, los cuellos de botella en permisos y los largos tiempos de conexión están frenando el despliegue de miles de gigavatios en proyectos de energía limpia.
El almacenamiento con baterías se consolidó como el segmento de mayor expansión, con una inversión récord de 54 mil millones de dólares, un 73% más que el promedio de 2022–2023. La reducción del 94% en los costos de fabricación desde 2010, junto con políticas de incentivo en China, Estados Unidos y Alemania, explica este dinamismo. El país asiático representa el 40% de la inversión global y mantiene el liderazgo en capacidad instalada, con más de 80 GWh nuevos en 2024.
En paralelo, la movilidad eléctrica experimentó una fuerte expansión: 763 mil millones de dólares se destinaron a vehículos eléctricos, lo que eleva su participación a un 31% del total de la inversión en transición energética. Uno de cada cinco automóviles vendidos en el mundo en 2024 fue eléctrico, con China concentrando el 60% de las ventas globales. Aun así, la infraestructura de carga sigue siendo un reto. Tres cuartas partes de las inversiones en puntos de carga provinieron de fondos públicos, lo que muestra la necesidad de una mayor participación privada para garantizar la masificación del transporte limpio.
Eficiencia energética y cadenas de suministro: la gran deuda
El componente de eficiencia energética apenas creció un 3% y llegó a 346 mil millones de dólares. Para cumplir con el escenario de 1,5 °C, esa cifra debería multiplicarse por siete antes de 2030. IRENA subraya que la eficiencia representa más del 25% del potencial de reducción de emisiones hacia mitad de siglo, pero enfrenta barreras estructurales en sectores industriales intensivos en calor, como el acero o el cemento, y en la rehabilitación de edificaciones.
El informe también aborda por primera vez la manufactura de tecnologías y minería de minerales críticos. En 2024, las inversiones en cadenas de suministro ascendieron a 102 mil millones de dólares, impulsadas por la expansión de fábricas de paneles solares y baterías en China y Estados Unidos. Sin embargo, las plantas de electrolizadores cayeron un 72% y las de componentes eólicos un 80%, reflejando la desaceleración en los sectores de hidrógeno y energía marina.
Conclusión: capital global, metas locales
IRENA y CPI advierten que el desafío ya no es solo aumentar los montos de inversión, sino redistribuirlos equitativamente y alinear los flujos financieros con las necesidades reales de descarbonización. Sin políticas públicas claras, incentivos estables y mecanismos de mitigación de riesgo, el capital continuará concentrándose donde las condiciones son más seguras, dejando fuera a las regiones con mayor urgencia energética.
El informe concluye que la transición energética mundial ha entrado en una fase decisiva: el dinero está fluyendo, pero aún no hacia donde más se necesita. Alcanzar la neutralidad de carbono exigirá tanto voluntad política como innovación financiera, y una coordinación global que garantice que la energía limpia deje de ser una promesa y se convierta en un derecho accesible para todos.




