Hidrógeno limpio: el mundo avanza, el ruido confunde
Hidrógeno limpio: el mundo avanza, el ruido confunde
Por Marcos Kulka, Director Ejecutivo de H2 Chile
Fecha publicada: 06 Enero, 2026

El hidrógeno no compite con la electromovilidad liviana. Nunca lo ha hecho.
La baja penetración de autos eléctricos en Chile responde a barreras de precio, financiamiento, infraestructura urbana y recambio de flotas. No tiene relación causal alguna con los recursos destinados al hidrógeno, que están orientados a resolver la descarbonización de sectores intensivos en energía y difíciles de electrificar.
Según el Hydrogen Council, más de USD 110.000 millones en proyectos de hidrógeno limpio ya han alcanzado FID. En producción, infraestructura, transporte y usos industriales. No son anuncios: son proyectos financiados, en construcción u operación. El mercado está haciendo exactamente lo que cabía esperar en una industria naciente: -se ajustan subsidios mal diseñados (como en movilidad liviana), -se cancelan proyectos sin demanda clara, -se renegocian contratos, -y el capital se concentra donde hay offtakers reales. Eso no es fracaso. Es maduración.
El transporte marítimo es uno de los mejores ejemplos. No hay una alternativa real de descarbonización sin hidrógeno y sus derivados: Maersk ya opera buques a metanol verde y tiene una cartera relevante de naves en construcción. Hapag-Lloyd avanza en contratos de suministro de e-fuels y amoníaco. BHP desarrolla en Australia corredores logísticos con transporte dual, orientados al comercio con China, integrando producción, exportación y uso final.
China es hoy una de las señales más claras de escala, pues lidera en capacidad de electrólisis instalada, concentrando los mayores proyectos integrados de hidrógeno, amoníaco y metanol, desplegando estaciones, buses, flotas pesadas y turbinas 100% a hidrógeno, todo como política industrial y de seguridad energética, no como experimento.
Europa, Japón, India y EE.UU., por su parte, continúan ajustando instrumentos como subastas, mandatos de uso industrial, contratos por diferencia, incentivos a manufactura de electrolizadores y redes de hidrógeno. Algunas apuestas se corrigen; otras se aceleran. Es exactamente lo que ocurrió con solar y eólica en su primera década.
Y, lo más importante, los costos están bajando. La evidencia ya muestra reducción sostenida en costos de electrolizadores, mejoras de eficiencia, integración con renovables a gran escala y contratos de largo plazo que reducen el costo de capital. La transición energética no es lineal. Nunca lo ha sido. Está llena de ajustes, retrocesos parciales y aprendizajes. Pero la dirección es clara: el hidrógeno limpio avanza donde existe lógica industrial, demanda real y escala.
La discusión que Chile debe dar, no es si el hidrógeno “le quita espacio” a los autos eléctricos. Es cómo descarbonizamos minería, industria del acero, transporte pesado, industria química y exportaciones, sin perder competitividad, inversión, ni empleo. En ese desafío, el hidrógeno limpio no es una moda ni un error. Es una herramienta estratégica.
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