Chile consolida su ruta energética con la actualización de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde
Chile consolida su ruta energética con la actualización de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde
H2NEWS
Fecha publicada: 04 Marzo, 2026

El Ministerio de Energía de Chile ha presentado oficialmente la Actualización 2026 de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde y Derivados. Este documento no solo da continuidad a la política de Estado iniciada en 2020, sino que ajusta la hoja de ruta con un enfoque pragmático y realista frente a los cambios en el contexto geopolítico y tecnológico global. La nueva etapa se define por tres ejes fundamentales: el impulso a la demanda interna, la creación de un sector exportador sofisticado y una gobernanza territorial robusta.
Un giro hacia la demanda local como motor de crecimiento
Uno de los cambios más significativos en esta actualización es la decisión de priorizar el desarrollo de la demanda interna como paso previo y habilitador de la exportación a gran escala. El objetivo es fomentar el uso de hidrógeno verde en nichos domésticos donde ya es competitivo o está cerca de serlo, tales como la refinación de petróleo, la producción de explosivos para la minería y fertilizantes para la agricultura. Al 2035, el país se ha propuesto alcanzar una demanda doméstica de entre 100 y 200 kt/año de hidrógeno verde equivalente. Esta estrategia busca generar aprendizajes técnicos, desarrollar capital humano local y reducir riesgos financieros antes de dar el gran salto al mercado internacional.
Hitos críticos y metas de producción al 2030 y 2050
La actualización establece nueve hitos de control para el año 2030 que servirán como termómetro del éxito de la industria. Entre estos destacan la implementación de instrumentos financieros para cerrar la brecha de costos frente a los combustibles fósiles, la creación de infraestructura portuaria y logística de uso compartido en al menos dos regiones, y el contar con al menos dos proyectos de escala industrial que alcancen su Decisión Final de Inversión (FID). Mirando hacia el futuro, Chile proyecta una producción nacional total de entre 2.000 y 3.500 kt/año de H2V eq. para el año 2050, consolidando su posición como un actor relevante en la descarbonización global.
Ventajas competitivas y el desafío de los costos
Chile mantiene una posición privilegiada gracias a sus recursos naturales, con factores de planta que alcanzan el 35% en sistemas solares y el 60% en eólicos. Según proyecciones de la Agencia Internacional de Energía citadas en el documento, para 2030 el costo nivelado de producción en Chile podría ser inferior a los 4 dólares por kilogramo, situándonos en la parte baja de la curva de costos mundial. No obstante, el informe advierte que la caída en los precios de los electrolizadores ha sido más lenta de lo previsto originalmente (excepto en China), lo que refuerza la necesidad de que el Estado actúe como articulador y garante de certezas para atraer inversiones que superan ya los 251 mil millones de dólares en proyectos en distintas fases de calificación.
Sostenibilidad y valor local: Más allá de la energía
La actualización subraya que el hidrógeno verde no es solo una meta energética, sino una herramienta de desarrollo social. Se espera que esta industria genere entre 36.000 y 85.000 empleos directos hacia el 2050. El enfoque regional es clave, promoviendo la creación de “hubs” o polos industriales en zonas como Antofagasta y Magallanes, pero extendiendo el impacto a otras regiones como Biobío. Además, la estrategia integra criterios de sostenibilidad ambiental estrictos, promoviendo el uso de agua desalada o reciclada y la protección de los ecosistemas locales, asegurando que el crecimiento económico vaya de la mano con la legitimidad social y el bienestar de las comunidades.
La Actualización 2026 representa un baño de realidad necesario para una industria que ha pasado de la euforia de los anuncios a la complejidad de la implementación. Al centrar el foco en la demanda interna y el uso compartido de infraestructura, el Estado chileno no está disminuyendo su ambición, sino que está construyendo un suelo firme sobre el cual escalar. El éxito de esta estrategia dependerá ahora de la agilidad legislativa para aprobar los incentivos tributarios y de la capacidad de los servicios públicos para tramitar permisos sin cuellos de botella. Chile ya no solo compite con sus recursos naturales, sino con su capacidad de gestión institucional; pasar de los pilotos operativos a la escala industrial es el gran desafío que definirá si el país se mantiene como líder global o como un espectador de una transición que no espera a nadie.




