América Latina y el Caribe podría recuperar US$ 84.000 millones al 2035 con el reciclaje de su infraestructura eléctrica limpia

América Latina y el Caribe podría recuperar US$ 84.000 millones al 2035 con el reciclaje de su infraestructura eléctrica limpia

Fecha publicada: 15 Julio, 2026

El acelerado crecimiento de las energías renovables en América Latina y el Caribe está abriendo un nuevo desafío para la transición energética: la gestión de los residuos que generarán paneles solares, aerogeneradores y baterías al finalizar su vida útil.

Aunque la energía renovable representó el 67,4% de la generación eléctrica regional en 2025 y gran parte de la infraestructura instalada aún no alcanza el final de su ciclo operativo, las fallas prematuras, el reemplazo tecnológico y el crecimiento sostenido del sector están adelantando la aparición de estos residuos.

Así lo plantea la Nota Técnica N°19 de la Organización Latinoamericana de Energía (OLACDE), que sostiene que el reciclaje y la reutilización de estos equipos no solo constituyen un desafío ambiental, sino también una oportunidad para desarrollar una industria regional basada en la economía circular.

Un mercado que podría mover US$209.000 millones

El organismo estima que el valor económico potencialmente recuperable de los materiales contenidos en estas tecnologías alcanzaría los US$209.000 millones hacia 2050, mediante procesos de reciclaje, reutilización y valorización.

Según el informe, este enfoque permite pasar de una visión centrada exclusivamente en la gestión de residuos a otra donde dichos materiales son considerados recursos estratégicos para futuras cadenas productivas.

Actualmente, América Latina y el Caribe cuentan con cerca de 150 millones de paneles solares en operación y 16.000 aerogeneradores, a lo que se suma la rápida expansión de los sistemas de almacenamiento con baterías.

Como consecuencia, hacia mediados de siglo la región acumularía aproximadamente:

  • 81 millones de toneladas de materiales incorporados en tecnologías de la transición energética.
  • 36 millones de toneladas de acero, equivalentes al 63% de la producción anual actual de la región.
  • 4 millones de toneladas de cobre, volumen cercano al 40% de la producción anual regional.
  • 10 millones de toneladas de aluminio, casi tres veces la producción anual latinoamericana.

La recuperación de estos materiales permitiría disminuir la demanda de nuevas actividades extractivas, reducir las emisiones asociadas a la minería y reforzar la disponibilidad de minerales considerados críticos para la transición energética.

La inteligencia artificial como herramienta para extender la vida útil

La nota técnica también identifica a la inteligencia artificial como un componente clave para impulsar la economía circular en el sector energético.

El uso de herramientas digitales y sistemas predictivos permite monitorear continuamente el estado de los equipos, anticipar fallas, optimizar los programas de mantenimiento y clasificar automáticamente los componentes que pueden ser reacondicionados o reciclados.

En el caso de las baterías de litio utilizadas en electromovilidad, los algoritmos pueden determinar cuándo una batería aún conserva suficiente capacidad para ser reutilizada en sistemas de almacenamiento estacionario, prolongando así su vida útil antes de su reciclaje definitivo.

Una nueva industria para América Latina

Más allá del componente ambiental, OLACDE sostiene que la economía circular representa una oportunidad para fortalecer el desarrollo industrial de la región.

La recuperación de materiales críticos podría reducir la dependencia de materias primas vírgenes, disminuir las importaciones estratégicas, generar nuevas cadenas regionales de valor, crear empleos especializados y mejorar la seguridad del suministro para el futuro sistema energético.

No obstante, el organismo advierte que alcanzar este objetivo requerirá avanzar en marcos regulatorios específicos, implementar esquemas de responsabilidad extendida del productor y desarrollar sistemas de trazabilidad y logística inversa, capacidades que aún son limitadas en gran parte de América Latina y el Caribe.

En este contexto, el informe concluye que la sostenibilidad de la transición energética no dependerá únicamente de ampliar la capacidad instalada de energías renovables, sino también de la capacidad de transformar los residuos tecnológicos en nuevos recursos productivos mediante modelos de economía circular.

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